domingo, 5 de abril de 2015

El polvo de los maestros

Todo lo que podamos decir de los antiguos es la lectura más o menos traducida a la luz de nuestros propios ojos, copia de un mecenas que a su vez tradujo a los traductores de la obra. Hablamos de la guerra de Troya a partir del tiempo mítico del poema homérico, cuya existencia se debate. Asimismo, sabemos lo de Cristo estrictamente a raíz del evangelio de sus discípulos. Se puede decir lo mismo de Lao Tsé, de Sócrates, de Buda, incluso de nuestros conquistadores. ¿Basta solamente con el saber? Incluso todavía más ¿Basta con que lo que hayan dicho, o lo que se lee sobre lo que supuestamente dijeron, sea la "verdad"? A ratos, la búsqueda del original se vuelve deshonesta. No se pretende leer esos archivos buscando resucitar la carne de lo que dicen. En esa misma labor de arqueología cavamos nuestra madriguera. Se puede quizá escarbar entre los textos para aspirar algo del polvo de la época. Pero la sabiduría tiene sangre póstuma. La luz de los maestros llega a nosotros en forma de sombra, el legado se incuba en las mentes de los feligreses tal como la tinta que desprendemos de nuestras fabulaciones secretas.

sábado, 4 de abril de 2015

Judas

Mucho hilo que cortar respecto a la figura de Judas: el único apostol traicionero ante los ojos de la Iglesia y, sin embargo, el único elegido que envió a su maestro hacia el camino que ya le estaba designado por mandato divino. Judas el enviado, el verdadero seguidor, el auténtico cristiano, la traición se torna aquí traducción fiel del original. Fue tal su devoción que aceptó escribirse a si mismo en la lista negra de la historia y aceptar la ignominia milenaria que hoy por hoy aceptamos sin mayor reparo. Los móviles de su tan mentada traición son tan difusos como las circunstancias de su muerte ¿Perdió la fe simplemente y, en un acto de egoísmo ateo, lo vendió a los romanos como falso profeta? o ¿Entregó a su maestro porque así debía ser con tal de cumplir la obra redentora que ya le había sido encomendada al mesías? Fue pese a todo algo así como el guardián que hizo lo que tenía que hacer, así como Virgilio acompañó a Dante hasta el infierno para luego reencontrarse con el Paraíso. Sin ir más lejos, considero que el beso de Judas fue quizá el primer acto de vanguardia del que se tenga data.

viernes, 3 de abril de 2015

En la calle la gente comprando crucifijos y huevitos de pascua, pero ya nadie se la cree de verdad. Sigue siendo todo tan pagano como cuando salieron de sus trabajos a medio día para no perderse la película bíblica de la tarde. Se extraña al judas quemado de los cerros. Al menos lo que comprabas con esa plata venía de las cenizas. En los colegios la típica representación de Jesucristo Superestrella, en la que el profesor debe muy a su pesar hacer del crucificado. En el mercado la venta de pescados por doquier como si fuese alguna clase de milagro o únicamente un truco. Por las noches, los pubs haciendo rebajas y ofreciendo shows acordes a la fecha. No faltarán los que se crean salvadores. No faltarán las Marías Magdalenas. Quién se puede llamar todavía cristiano, sin antes pensar en el lunes como si se tratase de una cruz. No es tanto si creen o no. Es que hacen como si no existiera. Otro fin de semana largo, para luego resucitar y, por supuesto, producir ¿En qué creen nuestros creyentes? En salvarse del aburrimiento capital....

jueves, 2 de abril de 2015

El hongo sagrado y la cruz

En la mañana como si se tratase de una revelación extravagante leo a partir de un artículo la tesis sobre el posible origen psicodélico de la cristiandad. El libro que sostiene esta tesis se titula "El hongo sagrado y la cruz" del filólogo John Allegro. En los años 60, y de forma coincidente durante la misma época del hippismo y la revolución lisérgica, plantea que en realidad Jesucristo no era sino un código para referirse a la amanita muscaria, una especie de hongo con propiedades psicoactivas que crecía en territorios palestinos, y exaltaba la imaginación de los cristianos primitivos con tal de conseguir el extasis de la experiencia divina. La tesis va todavía más allá, ya que de acuerdo a la teoría de Terence McKenna, la célebre manzana del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal podría de hecho ser considerada como el hongo ya citado por el autor, lo cual explicaría cómo los hombres "abrieron las puertas de la percepción" ingresando al mundo sensible. Lo anterior podría parecer de hecho el delirio de alguna de estas sustancias. Sin embargo, como hipótesis no deja de ser polémica, sobretodo para los sectores más ortodoxos. ¿Puede sonar acaso más disparatado que el huevo de chocolate incubado por un conejo? ¿Que la transformación del agua en vino? ¿Cuántas otras teorías en torno al misterio del crucificado pueden tener tal nivel de imaginación? Solo demuestra, a pesar del puritanismo de la Iglesia, que la relación entre la droga y la religión es más estrecha de lo que se cree. Invito a investigar, y si todavía nadie tiene qué comer durante estos días, a falta de carne, recuerde al hongo psicodélico.

miércoles, 1 de abril de 2015

Recuerdo que el Papa Francisco decía algo así como que era amante de Dostoievski, de Borges y del tango. Sobre lo primero el ruso se revolcaría en su tumba. Él, que en la parte del Gran Inquisidor de su novela Los Hermanos Karamazov dirigía su anatema contra el catolicismo y reivindicaba a Jesús frente a la falsedad del clero ¿Cómo a un Papa le puede gustar Dostoievski? ¿Habla tras bambalinas de la Iglesia? ¿O como lector secular de literatura anti eclesiástica? O será realmente como dijo el ruso: "Si Dios no existe, todo está permitido". El dilema en el Inquisidor dice relación precisamente con aquellos representantes de "lo divino" en la tierra. De acuerdo a Dostoievski, si Jesús regresara ahora mismo sería encarcelado por rebeldía contra la Iglesia. El absurdo se hace carne. La Iglesia actúa como el Dios del antiguo testamento. Jesucristo es venerado solo como símbolo, como amuleto de semana santa. Pero que postergue su infinito regreso, así el negocio fructifica. Para estos burócratas de la fe, que redima a quien se le de la gana solo mientras no lo redima de la Iglesia.



lunes, 30 de marzo de 2015

Sobre los videojuegos

Sobre los videojuegos: paradójicamente, la sencillez de los recursos y el mínimo de roles y funciones hacen que la jugabilidad se amplíe junto con las reglas del juego y la extensión del escenario de juego se vuelve maleable a los propios jugadores. Pareciera ser que mientras más sofisticado el juego, menos libertad de acción para los jugadores, y así parece ser en todo orden de cosas.

Los videojuegos son una metáfora de nuestra realidad virtual, un hipertexto de nuestro espíritu lúdico. No es tanto si el videojuego puede tener alguna clase de contenido cultural, como diría Umberto Eco respecto a la cultura de masas, ni tampoco si puede considerarse un octavo arte (el cine en el siglo XIX no pasaba de ser considerado una extravagancia técnica), sino en qué medida el videojuego restringe o potencia la imaginación de sus jugadores. 

El videojuego secuestrado por la industria se vuelve un sucedáneo del entretenimiento y el consumo masivo. En cambio, la experiencia subjetiva del jugador, pese a las reglas y pese al pandemonio técnico, es indivisible e irreductible a la ingeniería del juego. Como Dostoievski en El jugador, recuerdo que decía algo así como que el espíritu aristócrata juega solamente por el placer de jugar, el oportunista o burgués lo hace por la ganancia o perdida que le conlleve. 

Apuesto por juegos que no acaben nunca: que los propios jugadores inventen las reglas, los roles, los espacios, los tiempos. Que en un futuro no sea necesario jugar la creación de otro. Que el juego sea como dios: el placer supremo.

sábado, 28 de marzo de 2015

El demonio y la conciencia

Sobre la palabra "demonio". De acuerdo a Hesíodo se refería a una entidad semi divina que servía de intermediaria entre ambos mundos, un guardián que velaba por el destino de los hombres hacia un puerto pleno de fortuna o de revelación. De todas formas, independiente de la suerte, el daimon era el guía de la posteridad de los mortales. Luego con Sócrates adquiere un carácter tempranamente psicológico: el demonio era aquella voz interior que nos disuade o nos inspira a acometer tal o cual acción, de acuerdo al criterio de la virtud. Si lo analizase Freud sería un fenómeno a medio camino entre el yo y el ello. Si fuese Jung sería algo así como la encarnación de un arquetipo guardián o una sombra de la personalidad.

Demonio y ética eran palabras idénticas. El daimon era aquella entidad metafísica y luego psíquica, y el ethos la morada, no solo el espacio físico, sino que el conjunto de las relaciones humanas y el mundo que las contienen y las hace posibles. ¿Qué tendrían que ver los demonios con la ética? Pues eran el gérmen de la buena conciencia, los engendros del nuevo logos que el filósofo usaría para justificar sus juicios y luego para defenderse frente al crimen de corrupción del cual se le acusaba. Precisamente uno de los cargos era el de herejía por tratar de inculcar a este daimon, esta conciencia interior, en la juventud. Se defendió con ironía porque esa supuesta "divinidad" era solo una especie de broma socrática. Era ese diablillo que le aconsejaba antes de tomar una decisión. Pero ese diablillo nunca le decía lo que debía hacer, sino sólo aquello que no debía hacer. Por eso en la cultura popular, se nos enseña de pequeños que al pensar algo aparecen automáticamente junto a nuestras sienes el ángel y el demonio, consejeros de la conciencia. Sin embargo, antiguamente era solo el demonio. Y estaba dentro de uno, no era el personaje maligno que nos pinta la religión. La diferencia entre ambos es católica. La moralina sobre la buena y la mala acción.

Así que cuando por las noches, en el más perenne silencio, sientan que su mente inicia su transmisión ininterrumpida, descuiden: de acuerdo a la mitología sería el demonio guardián dentro de ustedes, y desde la filosofía, la voz que solo les empuja a hacer lo que ya ustedes habían intuido en silencio. Olvídate del cielo o del infierno, siempre se trató de tomar una condenada decisión, y precipitar la posibilidad, lo desconocido, a cada límite, en cada momento.


jueves, 26 de marzo de 2015

Clase particular en Cerro Ramaditas sobre El Túnel. Suspenden a última hora, siendo que ya había llegado a la casa. Me atiende la abuela del desconocido alumno. Se encontraba enfermo. En ese momento, cavó su propio túnel a la deserción, y yo el propio túnel para regresar de donde venía. Llama la encargada, diciendo que devolverá la plata de la micro. Bien, pero ¿donde está el crimen? No lo hay. Es solo el intento de justificar el viaje innecesario con la novela. Es solo el absurdo que va y viene, con la excusa de que no ha pasado nada.

La inmortal muerte

Platón dijo: Filosofar es aprender a morir... Kafka después: "Lo mejor que he escrito se basa en esa aptitud para poder morir contento" ... la obsesión con la muerte, que atraviesa generaciones... todos nos hablaron del tema, y el ego es el más interesado... pero ya no queremos aprender ni tampoco estar aptos.... dejemos en la casa las profecías... simplemente hacemos como si no existiese, como si creyésemos despertar al otro día, con la misma ropa, con la misma cabeza, con los mismos problemas, con la misma porción de cielo y de suelo, luego de una noche ardiente o una paletada funeraria...

lunes, 23 de marzo de 2015

Más que las deudas mismas, de las cuales suelo perder la cuenta como los malos sueños, es la sensación de cargar con un peso innecesario: el burro de la conciencia, la idea vaga de que las pagarás efectivamente algún día pero no en este preciso instante, y esa morosidad del presente se extiende de manera indefinida, y es eso lo que hace a las deudas una especie de almas en pena que te recuerdan de cuando en cuando tu condición mendicante, cerrándote la boca interés tras interés... Ganarse la plata puramente para pagar las deudas, es como rezarle a dioses en los que ya no se cree: porque ya no se puede dejar de hacerlos existir, sabemos que siguen allí, omnipresentes, imperdonables, solo porque irremediablemente así lo quisimos.