jueves, 8 de mayo de 2008
10 ego mandamientos
sábado, 26 de abril de 2008
De cómo escribo o de cómo mis venéreas ideas se vuelven venérea materialidad
Debo empezar diciendo lo típico: que escribir es un acto íntimo, gratuito y suicida, tal como ciertos tabúes que prefiero no nombrar. Mas confieso que mis locos pensamientos me llevan solo a derrochar cruces sobre el papel, por ejemplo: reivindicándome metafísicamente (si ese es el término) luego de una interiorización demasiado estéril para mi gusto. No acostumbro a definirme, no acostumbro a comulgar con lo mundano, pero me dejaré hacer una excepción esta vez, solo para ensalzar y actualizar una vez más, el hecho de que lo escrito retumba como tic tac en la cabeza.
Debo decir tal vez que no soy una máquina ni de hacer libros ni de devorar libros. En todo lo que puedan encontrar resabios de alguna mácula literaria, es solo por un descuido de mantener mis ventanas neuronales por mucho tiempo abiertas o receptivas. Pues bien, hace algún par de años, solía tener como arquetipo literario ciertas musicalidades que no tuvieran que ver estrictamente con la excrecencia del lápiz (por ejemplo: ciertos tarareos musicales pre matinales) y uno que otro hueveo verbal que pretenda ser al menos embrión de oda o no sé qué otra cosa.
El caso es que
partí siendo sobre todo un editor o, mejor aún, un traductor (léase traidor) de
mi propia veta imaginaria, ejemplo: solía traspasar página por página los artículos
zoológicos del pintoresco Félix Rodríguez de
Hoy por hoy, mi método de escritura (si es que puedo tener algún método las 24 horas de cada día) sigue siendo foto calco de lo que era hace ya unos tres años, cuando iba en Media y florecía, en todo el sentido de la palabra. Mis obras nacían de la hemorragia interna de decantar un título como una idea, o bien paradójica como referente, o bien que concatenaba a nivel macro un montón de “cruces sobre el papel”. Mis obras eran la incipiente sopa microcósmica que bullía gracias a mis esquizotípicos demonios interiores. Mi gracia consistía (y consiste aún) en no dejar disolverse esos demonios interiores demasiado temprano, y hacerlos evaporar junto con tu susodicha habilidad artística. De esa forma, todo tipo de emociones y pasiones encontradas se podían resolver a sí mismas.
Luego de varios zigzagueos, mi pasta se vio contagiada continuamente de ciertos vaivenes convulsivos por la música rock, aunque siempre en pauta de aquella barata receta, pero ahora he mandado al fiasco aquello, y el liricismo no puede ser más excéntrico que pretenda salir o despegarse casi dérmicamente del papel o querer ser otro cuando se le lee o se le imagina. Ahora mis obras son futuros abortos. A mis obras les doy casi toda mi materia gris. A mis obras les doy casi todo mi ego (¡No! no caeré en esa volada romanticona). Digo que mis obras son pretensiones o coqueteos con una piñata lejana y visionaria, que no le es propia. Que mis obras hacen deporte con el mundo exterior, mi paupérrimo círculo social, y se columpian entre críticas de toda ensalada de índoles; la más radical de todas, la hermenéutica, y la mejor a mi modo de ver.
Y digo que mis escritos son SUYOS. Ustedes escriben su imagen de lectura a modo de fetiche, y yo, al mismo tiempo, leo mi imagen de escritura justo cuando mis obras “debutan” (he de ahí una antología) pero ¿quién escribe y quién lee? y eso ¿A quién le importa? Si al momento de alabar ¿No alabamos solo el espectáculo? y dado ello ¿No somos solo payasos y espectadores del circo poético? Y les juro que no he pensado esto antes, y no volveré a caer.
Lejos de estas elucubraciones, tengo que sacar a colación y concluir: mis escritos son una elegía potencial. A la hora de escribir se justifica todo, todo, excepto aquello escrito. El título sigue siendo un paradigma, de él nace o sobresale mi maratón metafórico a corto plazo, que insta a quedar en antologías y volverse fetiche, y digo en fin que no soy ni versolibrista, ni ultraísta, ni irrealista ni un autista, y me defino solo como un fastidioso diletante literario, pero no, no me tomo nada en serio a la hora de imaginarme como un pedagogo, o lo que es lo mismo, como un fantasma teatral, y el acto de escribir no pasa de ser así, más que un mero suspenso digital, tal como el sexo, la muerte, ¡EL MUNDO!
lunes, 17 de diciembre de 2007
El cupidocentrismo
Siempre he sabido que el amor es una de esas cosas que no pueden comprarse con efectivo, ¡puesto que se compra en cuotas poéticas!
Un grave incesto ha asolado a la poesía desde tiempos proto-cupídicos. Lo pueden hallar, risiblemente, sirviendo de aval para los sucios horóscopos, sirviendo de aval para toda clase de pellejerías de siútica metafísica, esas que parecen octogenarias solteronas con aires supraterrenos y goces olímpicos, pero que sus senos fofos procuran ligar la tierra, como si de su insípida leche visionaria surgiera alguna chispa de sentido, alguna otra cosa que sustente su malogrado trasero al momento de endurar las bolas.
Hoy, y más que nunca, el amor está siendo un vil proxeneta del sexo, y eso es lo que no quieren aceptar esos entes decrépitos y verdes, que lo ridiculizan todo con velos de árbol de pascua y con fútiles regalos etéreos que parecieran por su altanería hacer pasar por virgen no agujereada a la estratosfera. Da lo mismo, de este modo, cantar como trovador a luna llena, que correr mano en el astronómico Transantiago. TODOS QUIEREN LA MISMA PORCIÓN DE CARNE, Y más aún, la POSEEN BIEN DURITA EN SUS RECEPTÁCULOS. El gran paraguazo, el gran paradigma está en que esos idólatras lo melodramatizan todo, al punto que el acto de celo canino se sublima tanto que no hace falta que se caiga la bóveda del cielo para que los serafines se arrastren en cuatro patas. EL AMOR TODO LO PUEDE, dicen esos maquiavélicos usufructuadores, yo les digo MIENTRAS LE DURE EL BOLSILLO Y LA PASTILLITA AZUL.
Técnicamente, estamos hablando de un “cupidocentrismo” con todas sus letras. Y como no quiero hacer epíteto del título, y de la nata golosa que constituye un romance estival, quiero hacer llegar a ustedes algunos ejemplos:
a) Era de no extrañarse, que posterior al “siglo de las ampolletas”, le incumbieran a los nuevos euros, decantar un cierto aire clásico. Pues, dentro de un núcleo de atracciones relativas como el óleo y la historia, incubó el pájaro de la discordia, y así apareció lo romántico. En su génesis, un ethos patrio hacia alarde de su relevancia, un florecimiento espiritual e indómito. Luego, un cruce de materialismos esquizoides confluyó en dicotómicas cosmovisiones. Por un lado, estaba la fusión de lenguas/estilos con inclinación mítica y dramática (he ahí el ser shakesperiano); y, por otro lado, estaba la fuerte razón e ilustración propia del siglo de las luces.
b) El término “romance” suele aplicarse a la lúgubre subjetividad, a la nostalgia excéntrica de talante gótico, o incluso barroco. Todo ello compone una plausible armonización de las sombras del hombre occidental, del hombre ése enamorado de su ser (dialéctico en su enamoramiento, aunque se niegue). Es desde ahí donde se ensalza las nunca bien ponderadas locuras de amor. Y es hasta las mantas contemporáneas donde vislumbramos las sábanas amarillas del ayer. DEJEN SUS AMORES Y YO LES PROCURO EL POLVO POR SOBRE TODAS LAS COSAS.
Como terminamos obviando, existe el afán a duras penas altruista de provocar sí o sí el concúbito, que a fin de cuentas sigue siendo POLVO. Lo más penoso es que todos los esfuerzos románticos, de especular una columna vertebral, esto es, un imán antropomorfo sobre el cual se endosaran todas las penurias y dichas del cielo, el mar y la tierra, resultaron en volverse únicamente bipolares. Me explico mejor: El amor (eso que suponía ser sucedáneo de un pathos que inundaba de sensaciones a cada sujeto en sus intimidades, a quien le adosaban sus poéticas de lo subjetivo, y, por ende, monólogo, aventura), pasó a transformarse, mutar, en un bicho horrendo, con infragantes pretensiones dualistas de lo empírico. Un crimen al gratuito carrusel del corazón se ha cometido. Todo se reduce con esta maldición a DOS. El amor ya no es algo gratuito y pleno, sino que pasa a significarse, a parasitarse, en dualidades. Con esto no quiero decir que las “media-naranjas” sean puro envase. Solo quiero subrayar la ambigüedad de espejismo que se ha producido. Ya no vale el aristocrático goce del sexo, sino se ridiculiza antes con la burda y estereotípica pareja ideal. Si pareciera que aquí el cliché va de la mano con la división, la ambigüedad light en pos de una plástica crucifixión. TODO LO UNIVERSALIZAN, TODO LO LICUAN A TRAVÉS DE LA CAÑERÍA SENTIMENTAL AMOROSA.
Hoy por hoy, la decencia está supeditada por debajo del envase, ese que propiamente goza embadurnar las enaguas florales del caos, el ser maquillado. Blythe replicaba: “La máxima tarea del artista es ocultar la belleza”. He aquí desnudando, pues, a los maquinadores del alma, los desfloradores con nombre y proporción mercenaria, y cartuchamente BLANCA. No pueden siquiera concebir la idea de que no son más que el exoesqueleto de sus ropas. Parecen lagartijas sin callos que caminan mutiladas por la vida (no las lagartijas ¡ellos!). Su sueño platónico (¡Qué digo! ¡Erótico!) es, y siempre ha sido, auto exprimirse como toronjas. Esos descarados, esos pervertidos, ¡SON TORONJAS EN MEDIO DE LA LICUADORA QUE ES EL CORAZÓN!
Tan ridículo es, tan cuico suena, eso que empieza con A y termina con R, se me cae la boca a cuadritos al intentar palatizarlo. Digo AMOR y ya salen desterrados caricaturas de términos como: dos, hijos, casa, constelación, plata, dos, anillo, hijos, etc y etc. A mi modo de ver en estas entradas televisivas, AMOR ha pasado a ser algo así como dual-eco-fantasía, rentada al por mayor y menor según los intereses del Estado en asuntos un poco infra ropas, subidos de tono en equidistancia a la fórmula: oferta-demanda. El amor, una marca registrada del tantra cafiche y clandestina plutocracia de poetizar armonías altisonantes, rimbombantes. El amor se ha convertido en un asesino virtual, un patán chupador de tetas cosmopolitas. El monopolio del sexo es de uso exclusivo del amor a cuatro patas, mas nunca a dos manos.
Los polvos cupídicamente letales, son el suero que hace de ustedes robots poéticos, que automatizados por la matriz, son máquinas de pisar jardines flotantes sobre las negras ovejas de ensueño. Ahora si me permito una jerga, lo “romanticón” les hará crecer miembros bestiales, que posterior a sus emparejadas en voladas de hachís, servirán de cebo tierno para el resto de las dinastías cafiches que se suscitan pero aún no declaradamente (No hay nada tan diplomático como el amor, dirán los nuevos judíos de cuello y corbata que culean en nombre de Yavé).
Y ahora, ¿Cómo afecta tanta monstruosidad digna de laberinto a la poesía? Fácil: Por medio de esos mismos filtros cupídicos sépticos que canalizan en forma de bollo a toda forma de acción homínida y femínida. De ahora en adelante, declaro a LA POESÍA, LA MÁXIMA PROXENETA DEL SEXO, y AL AMOR, EL MÁXIMO PROXENETA DE LA POESÍA, porque el amor y la poesía no son más que una cuestión meramente hormonal y química ¡Qué espectáculo tan barato! Resulta que las mujeres siempre han sido la X, la perfección hecha carne y hueso, y nosotros apenas mordisqueando siempre conchas marinas.
SOMOS LO IMPERFECTO, SOMOS LO CARNÍVORO. SOMOS LO ROMÁNTICO. EL AMOR ES LA LUNA DE LOS LUNÁTICOS.
lunes, 5 de noviembre de 2007
Poesía de Tres Mundos
Hipótesis:
“El encierro y la soledad contraídos en el niño son el reflejo de una época”.
En primer lugar, debemos aclarar que esta fotografía fue sacada del diario de 1992, “Pluma y Pincel”. El artículo en la que está inserta la foto es acerca de poesía de tiempos de dictadura, donde el título “Poemas de tres mundos” hace alusión a poetas en exilio, poetas presos políticos, e incluso poetas marginados, como el poeta mapuche Elicura Chihuailaf.
Con respecto a la fotografía en sí, podemos apreciar la figura de un niño con su cuerpo contraído, que además se encuentra entre los límites del marco de una ventana, la cual está entre la pared de lo que fue una casa en ruinas. La fotografía está en plano conjunto, la cual nos da una visión del objeto central que es el niño, y nos muestra a la vez el espacio inmediato que lo acompaña, el cual no presenta profundidad de campo, lo que nos limita aún más el espacio. Es un espacio reducido, contraído como el niño, y, en el fondo, esa sensación es la misma que transmiten los poetas en sus creaciones; sensación de encierro, de soledad, y, en cierta medida, de sentir coartada su libertad de expresión.
Lo que nos denota la fotografía es simplemente un niño sentado en unas ruinas, pero el sentido connotado, que se refuerza con el artículo, es el sentimiento de limitación, donde al estar descalzo el niño nos demuestra la falta de libertad, e incluso podemos tomarlo como una forma de censura; es quitar todo tipo de herramientas para el libre desplazamiento, en este caso puntual, el de las ideas. Los zapatos son aquella herramienta portadora de libertad, y, en este caso, se encuentran lejos de ser utilizados por el niño, porque este se encuentra demasiado retraído, sin la voluntad de mirar, de tocar o de sentir aquello. Los zapatos están a mano, frente al niño, pero a la vez están aislados el uno del otro; están opuestos, pero complementados con el epígrafe del artículo, ya que representan la esperanza, la utopía posible.
Podemos decir también que la fotografía presenta antonomasia, al presentar una situación generalizada de todos aquellos que estuvieron sometidos a la dictadura militar. En el fondo, representa un denominador común de aquellos opositores al régimen. La fotografía, al igual que los poemas, constituye la ventana abierta de aquellos personajes reprimidos bajo la causa de la represión..
El color de la fotografía acentúa el sentido que hemos interpretado en esta, donde el blanco, el negro y la escala de grises nos llevan a profundizar en la imagen triste y opaca de la situación que representa. En este caso, la fotografía nos lleva más bien a ver-hacer, ya que el fotógrafo invita al enunciatario a reflexionar sobre ella y su trasfondo histórico-cultural, viéndose reflejado en el artículo, pero apreciado también de manera indirecta en los códigos de la imagen.
La imagen en la fotografía, además, se nos presenta abruptamente, lo cual nos da muestra de lo que pretende el fotógrafo, que es centrar la significación en el claustro del niño. Aquí los objetos se encuentran frontales y medios, y dan una sensación de venirse encima nuestro. Cabe decir que el significado de la imagen se muestra tensa, en contraposición a la presentación de la imagen misma que se muestra de golpe, y no presenta mayor repercusión.
Para concluir con nuestro análisis, debemos acotar que el artículo funciona como un paratexto de la fotografía, ya que ayuda a complementar el significado connotado de ésta. Es el mensaje vicario que genera una suerte de significación recíproca.
Con tal derroche de significados plasmados en papel e imagen, el sueño lánguido de un niño que a la vez es la potencial madurez de un país, se cristaliza en pequeños paraísos, que a más de un soñador hará romper toda cadena, ya sea que venga desde su propio ser o desde una ventana desértica. De esa forma, cae desde el cielo la “utopía posible”, y rompe con toda necesidad de romper cadenas: ser libre, ser niño, ser uno.
sábado, 29 de septiembre de 2007
¿?
Sobre conversar, sobre el hombre y la palabra, sobre el reviente de las sílabas, creo o pienso que ya está todo dicho. Es por ello que quisiera convocar algo en torno a lo cual sus órbitas neuronales puedan permanecer activas, y luego agradecerme con cordialidad ¿Qué significa para ustedes, por ejemplo, que esté eligiendo este instante decisivo, el querer sintonizar justamente este canal, con esta postura, este atuendo, este marco, estos espectadores, este cosmos tan reacio a exactitud? ¿Por qué? Sin embargo, toscos animales de corbatilla excelsa, me caen bien, a la vez que me invade una fobia escénica comparable a vértigo de cortesía. Eso es lo que me gusta de ustedes, robots, su no asco al por qué, al celo sexual de inquietud, como si no bastara con mantenerse bípedos y seculares. Bueno, en lo que concierne a mí, existe un control, este control, lo que proyecta aquella reconstrucción a lo más Chile, a lo más caos, que quería hacer presente a ustedes, los dodós del mañana, y salta en forma de ego hacia nosotros, invadiéndonos como profeta anacrónico ¡¿Les di una pista?! ¿Se anticipan ya? ¿Sienten el índex? ¿Qué les duele más que sus propias vidas? No, no es lo que creen… eso que ustedes llaman menester de doctores, pedagogos, maestros, esclavos, es para mí un anhelo sin efecto, como la diarrea que reniega de ser sólida… ¡Sí! Eso es mera creación.
¿Por qué obstruyen sus alientos de ese modo? ¿Por qué se trafican de ese modo, cada vez que mencionan esa palabrita? Eso, eso es como ustedes, ni tan plástico ni tan ángel… La poesía, robots, está siendo rematada hoy… ¡¿quién da más?! Yo daría hasta mis testículos, y resucitaría en María Magdalena, a fin de dar a luz a un poeta… ¡Ojo! En este antro no se fía, Más Allá sí.
La poesía, hay una cierta dificultad en etimologizar algo tan reacio a lógica, como metáfora en conserva capitalizada ¿Por qué les suena tan siútico? ¿Por qué se ruborizan? ¿No será acaso la poesía un invento militar, como el paraíso cristiano, como el dinero, como la Universidad? ¿Por qué se les endurece el lomo con tal de sudar amor? ¿Qué de grandilocuencia tiene? Déjenme entender por un segundo… ¿Qué significa poesía para ustedes? Como en un rayo se me vienen a la mente nada más que tres fósiles de conceptos:
a) Amor.
b) Belleza
c) Creación.
¿Qué puede ser más estúpido que el amor? Ya sé, cantar con la boca cerrada. ¡No! Es estúpido de por sí estupidizar al amor porque es un producto acartonado de exclusivo uso y abuso de “Dios. Inc” y crónicamente puede que venza alrededor de la cifra 666. Es un prodigio alcoholizado y recio. Tan tercos son nuestros sentimientos, nuestras llamadas “fracturas” que olvidamos que lo son, abortos espontáneos que dejan anemia por el resto de la vida, y todas sus preguntas y respuestas al fin y al cabo acaban congeniando y desechando su sentido, abortando en ardides métricos, mazamorras de individualidad, que para un idiota como Jung, se proyectan en arquetipos. Si no fuera porque nada de lo que nos concibe y nos atañe como cosas que somos, nos concierne en cuanto vida/muerte, más precisamente ¡¿vida?! (Quiero decir que solo tenemos contingencia de esas pajas de mandalas porque nosotros queremos creer en ellas, no porque otros inoperantes crean o quieran creer en ellas). Al fin y al cabo, somos y seremos pura intertextualidad… ¡Maldito Bajtín!
Me pregunto ahora ¿Por qué esa gula de crear? Algunos de los inmediatistas de las tecnologías de la (des)información y la comunicación (desanimalización) aquí presentes, me dirán: ¿Y qué tiene de malo? Justo es a ese punto donde quería llegar ¿Es malo estar aquí? O mejor dicho, perdiendo mi valioso tiempo, filosofando sobre el excremento y sus proporciones, con todos ustedes, con el debido respeto que se merecen personas a modo de máscaras (léase la inconclusa redundancia). Una posible contestación no cabría mal en estos últimos tres segundos… y eso, claro, es ¿Creación? ¿Estoy renaciendo con ello? ¿El contar granitos de arena en la playa es creativo y divertido? Ahora ustedes se divierten creando ¿amor? o solamente crean diversión, divierten como medio y fin, o divierten su creación como fin en sí mismo. ¡Lúdicos pendencieros! ¡Ya sé! Se divierten haciendo figuritas de conceptos que valen para todos, menos para mí ¿Estoy siendo divertido? Lo dudo, después de todo solo somos humanos.
¿A quién le interesa la humanidad? ¿A tu hermana? ¿Quién creó esa maldita raza o especie o ente o como cresta le llamen los putos de la academia? ¿Te importa a ti si te catalogan o te timbran con una hebilla ígnea en el culo: HUMANO? Al fin, cada uno de nosotros, individuos, bípedos indispuestos, nos regocijamos en las disputas inexorables del tiempo y el espacio, mientras nuestra guata pide a tientas una pizza. La farándula de una vacancia en Marte, con Hawkings como mascota, y todos al final nos sentamos con la misma proporción de culo sobre la misma proporción de cojín ¡Cobardes! Todos creamos bajo la misma proporción de azar, cuales más, cuales menos, pero como diría el bonzo carbón frente a la embajada de los yanquis: No hay mal que por bien no venga.
¡Les quiero responder! No a ustedes precisamente, sino a sus cauterizadas promesas. ¿Estamos en la temible posmodernidad? ¿Estamos en el barrio rojo de los sofistas, militantes o inoperantes? Y si has de atragantarte el día de mañana entre revistas virtuales, hecatombes y sexo virtual ¿Te importaría conocer un poco más de tu ser y del cosmos? Poco me importan los mandamientos de la Biblia, para tener que reinventarme un corazón cada ocho horas.
¡Grita! ¡Grita! ¡Grita! Eso, ¡me gusta que grites! GRITAR ES LA CREACIÓN más privada que se puede esperar de uno mismo. Al final la poesía debió ser creada a gritos para que se la entendiese como tal… ¿Por qué creen que no tengo y que me falta la voz?
Todos están cuchicheando últimamente sobre la muerte de un tal Jesucristo y sobre los atentados en la posteridad de los orientes, lugares que no conocería si no fuera por un humilde y sucio atlas con unos cuantos trazos a mano alzada, hechos en tiempos de primaria y jardín infantil, simulando patrias sobre las cuales insertan coloridos motivos en papel transparente, para hermosear lo inexistente. Además, hablan sobre Lao Tsé y su nido de contradicciones respecto al todo, o nada con dinero… ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué conozco esas precipitaciones, esos conflictos bélicos, esos monitos de ojo rasgado conformando las tres cuartas partes de la vanguardia terrícola? ¿Esos Colones divorciados de América? ¿Por qué los conozco si jamás en mi puta vida los he visto? ¿Será un síndrome televisivo el que corroe mi pulso de poeta? ¿Me he vuelto Dios o pequeño o semi-dios? ¿Estoy viviendo empíricamente la regla del capital por el capital? ¿Por qué me sé la tabla del 10, sé escribir y sé distinguir entre chinos y japoneses? ¿Por qué siquiera hablo? ¿Si en todo este tiempo no hice más que asomar mi cabeza sobresaliente por entre la ventana de mi cuarto? ¿Soy omnisciente, soy omnipresente, soy aguas muertas? ¡No! ¡No! Solo soy el parásito de mi creación, y el resultado de mi propia condición parasitaria.
¿Qué le pasa a la poesía? ¿Qué le pasa a la mierda del mañana? ¿Qué le pasa a sus mundos de antenas parabólicas? ¿Qué hacen saliendo a las calles, espantando la abulia y andando sobre dos pies? ¿Qué estilos de vida o qué vidas adoptan? ¿Estoy caminando ya como un asexuado? ¿No me queda demasiado grande el apellido? Respondan. Después de todo, esto es lo que estaban buscando: una vil calentura de hocico.
jueves, 12 de julio de 2007
lunes, 9 de julio de 2007
Alegoría a la invención
Extracto de "Las aventuras de Bill, primera parte: En busca del Bosque Caseoso":
jueves, 28 de junio de 2007
jueves, 21 de junio de 2007
viernes, 8 de junio de 2007
La palabra duda, más aún, el hecho de dudar, envuelve su etimología y definición en un orificio autófago para quien la erija como concepto. El querer establecer de ese artificio una certeza es precisamente y se vuelve en ese orificio, y hasta lo que dije, cabe la duda, se ve envuelto.
MENTE= Talento
Único Dios
Omnipresente
Omnisciente
Omnipotente
3 potencias, 3 proyecciones.
Conceptos parafernálicamente físicos: Pensamiento, yo, imaginación, ensueño, verdad, etc, etc, etc. no son más que espejismos que la mente [ese virus extra humano] incrustada en este animal bípedo proyecta y hace perfectible por medio de los cinco sentidos del susodicho animal. Apoyo a Burroughs al decir que: “el lenguaje es un virus”, pero el virus es para mí mejor dicho la mente, y, junto con ello, un parásito ontológico que corroe nuestra susceptibilidad haciéndola justamente susceptible, y por consiguiente, hambrienta de retribuciones ¿Respuestas?
Etapa final= fractura.
Por lo dicho, el pensar puede volverte como un orificio autófago, aunque creo o dudo que lo sean o ya lo somos o lo soy. No se puede imaginar una vida humana (con todas sus fracturas) en un cuerpo artrópodo, por ejemplo (como si Kafka supo hacerlo, pero solo siguiendo una línea humanoide).
De esa forma, la figura humana necesita de la oscuridad flemática de una pangea.
(Así como la progresiva lista de conceptos generados por el bípedo bajo tal precepto, la mente misma aparece como espejismo producto de las renombradas “fracturas”, y se disuelve minimizada en concepto por el propio accionar del bípedo).
El hombre, entonces, es solo EL TORNILLO DE UN ENGRANAJE. No debería importar más que el resto de los otros entes (torniquetes grasientos). En esto apoyo el estructuralismo anti humanista.
El caos inicial es la pangea máxima.
El bípedo en su vértebra pensante se encierra en una burbuja filtrando por medio de un frágil tubo alguna porción de pangea, y se vanagloria de especial y multifuncional y autosuficiente sólo por “fracturar” con su arma imprime-conceptos esa fracción pangeica, la cual subyace entre los pliegues de la mente-lapa.
NO SOMOS ESPECIALES, no son especiales (los bípedos, los entes, etc) porque son como micro ruedas, a la vez, con propias pangeas que son activas (no como una estructura sistémica, sino como caos) en pos de otra pangea superior.
NI SIQUIERA UN FIN ES CIERTO (es solo otra de las probabilidades que la pangea permite) sólo que el fin es otra pequeñísima variable dentro de la estructura.
Sólo queda soñar o quizá vivir
Esta oscuridad (supuesta)
Esta totalidad (supuesta)
Esta pangea (supuesta)
Esta certeza terrible, la “fractura”.
Aquí fractura, divorciada de ente,
nunca estuvieron casadas,
nunca estuvieron divorciadas.
NO HAY CONFLICTO, el caos es caos.
El hombre busca algo, se mueve y enseguida muere.
Es lo que permite otra pangea y estructura mayor.
EL CAOS ES CAOS. No hay orden ni perfección estancada, sino caos.
Los animales, los planetas, los gases, los microbios, los protozoos, las plantas, buscan algo, y es la respuesta ontológica (buscar en el sentido que el bípedo implícito le da).
Por lo tanto, el caos es caos. No existe nada más.
El caos. No la nada. El caos.
Respuesta ontológica es la inmortalidad de la materia en pos de la autofagia del deseo, el pensamiento, la mente. Sin embargo, el caos y el ente son materias indiferentes, inapelables en el escepticismo propio que caracteriza al bípedo ¡Calla! Tu cuerpo solo pide comida y muta.
La mente es un aval parasitoide que los entes fisonómicos moldearon para beber de él. Todo lo que subyace de él son sólo rastrojos de la bebida con la cual se alimenta esta materia. Y ahora, la materia es “Dios”: Ecuánime, omnipresente, omnipotente, inmortal. No perfecta, sino parte de caos. En general, Caos.
La mente debería quedarse calladita y ecuánime en su vertebrada sesión ontológica, y limitarse a contemplar lo que los astros tienen para ella.

