domingo, 27 de octubre de 2024

Caso Monsalve: el sentido de la verdad y el poder de la ficción.

Más allá de las circunstancias del caso Monsalve, que son materia de estricta investigación judicial, resulta increíble su efecto en el terreno político, es cosa de leer las declaraciones de los agentes del oficialismo al respecto, y las férreas críticas de parte de la oposición.

No quisiera hacer un comentario sobre un tema que copa la agenda pública y que ya está sobresaturado, demasiado relevante, aunque también, en exceso trivializado, al punto de convertirse en un meme o en materia de cahuín digital. Antes bien quería remarcar un hecho no menor: la capacidad de los hechos para producir relatos, o la creatividad inusitada de los relatos para representarlos, por medio del aparato discursivo.

En esa maraña de relatos, el significado de la verdad figura difuminado, (¿existirá algo como la verdad, independiente de la verdad jurídica, en este punto?), por lo que su búsqueda, para el interesado, resulta una tarea titánica, si no dantesca, dado el escenario político nacional y global.

En ese proceso de búsqueda, se puede caer en tergiversaciones manipuladoras, en miradas obtusas, pero también en figuraciones que van un poco más allá de lo evidente. Es ahí en donde entra el papel de la ficción como mecanismo generador de sentido, el terreno donde todo puede ser posible, en la medida que pueda ser ficcionalizado.

Por ejemplo, el otro día, un compadre me comentó una posible trama conspirativa a raíz del tema: la posibilidad de que lo de Monsalve pueda convertirse en un thriller político con toques de terror, en donde el elemento de discordia sea precisamente el pisco sour. Una vieja disputa sobre la nacionalidad peruana del trago saldría a flote con el caso, con efectos geopolíticos y consecuencias dramáticas para todos los personeros involucrados.

A los agentes de la ley y a los investigadores les compete el esclarecimiento de los hechos, para, al menos, llegar a cierta certeza, más allá de toda duda razonable, sobre todo en cuestiones relativas a crímenes. A nosotros, en cambio, y sobre todo a nosotros, los creadores, los analistas de la realidad, no nos queda más que la lectura razonada de la situación y su efecto para el estado país, además de otro argumento para su recreación a través del aparato de la ficción, lo que, a la larga, le permitirá a la narrativa sobrevivir a lo anecdótico, trascender el tiempo; y a la verdad, no darse de inmediato por zanjada.

sábado, 26 de octubre de 2024

Artaud y Arenas: los renegados del surrealismo

A cien años del Primer manifiesto surrealista escrito por André Bretón (1924), con el cual se consolida el surrealismo como vanguardia, urge rescatar a un par de voces que, en un principio, formaron filas en dicho movimiento o bebieron de sus fuentes para luego desmarcarse y seguir una senda propia. Conocido es el nombre de Antonin Artaud, quien ingresó al Círculo Surrealista en 1924. Su aporte fue decisivo al indagar en un “nuevo orden pasional” que recobrara en el hombre su voluntad poética.

Para Artaud, la poesía era una forma de conocimiento y de búsqueda interior. Veía en el surrealismo una posible respuesta de la libertad literaria, que se traduce finalmente en la libertad de consciencia, en la libertad humana.

El cisma definitivo se dio tres años después de su ingreso al círculo, en 1927, cuando Artaud publicó A plena noche o el bluff surrealista, en el cual explicó las razones de su divorcio con la vanguardia. Básicamente, se trataba de su renuencia a unirse a las filas del Partido Comunista Francés y, peor aún, de trasvasar la revolución poética, aquella “metamorfosis de las condiciones internas del alma” a la revolución política desde una estricta y doctrinaria mirada comunista y marxista.

“El surrealismo ha muerto” —dijo— al abrazar la realidad y “olvidar el deseo”. Al supeditar los principios surrealistas a la causa de la Revolución, Artaud constató que sus antiguos camaradas habían traicionado el verdadero fin del surrealismo. O es que, quizá, el surrealismo nunca fue lo que pretendió ser, realmente. “La belleza será convulsiva, o no será”, decía Bretón, y todo indicaba que, más bien, era: “La belleza de la Revolución será convulsiva, o no será”.

“De hecho, ¿Hay todavía una aventura surrealista? ¿No murió el surrealismo el día en que Breton y sus adeptos creyeron que debían unirse al comunismo y buscar en el dominio de los hechos y de la materia inmediata, la culminación de una acción que normalmente solo podría desarrollarse en los entornos íntimos del cerebro?”, sentenció Artaud, contundente, asqueado del galopante materialismo dialéctico de sus antiguos compañeros que no entendían que la poesía, verdaderamente, estaba en otra parte, no en el campo dialéctico del poder.

El otro renegado del surrealismo es, orgullosamente, chileno. Se trata de Braulio Arenas, escritor reputado y vilipendiado por partes iguales, que, en su tiempo, también adhirió a la poética surrealista. En 1938, junto a Teófilo Cid, Enrique Gómez Correa y Jorge Cáceres, fundó el grupo surrealista La Mandrágora. Se consideraban dignos herederos de Huidobro, por ende, del creacionismo. Se proponían “buscar lo desconocido y penetrar en el misterio”, premisa que indaga en una búsqueda interior, muy similar a la propuesta por Artaud.

Un hecho muy provocativo marcaría para siempre la reputación de Arenas. Durante un homenaje a Pablo Neruda en el salón de honor de la Universidad de Chile, el poeta se levantó e, imbuido de un carácter rebelde, enfrentó al famoso vate, le quitó de la mano su discurso y lo rompió en su cara. En ese momento todos quedaron paralizados. Se encontraban además los otros integrantes de la Mandrágora. Tras el incidente, Teófilo Cid y Gómez Correa fueron expulsados del salón, por los miembros de las Juventudes Comunistas que organizaron la ceremonia.

El poeta Arenas había hecho carne el lema surrealista: “escandalizar a la burguesía”, pero llevado a otro nivel. ¡Había enfrentado a una vaca sagrada! Neruda, quien llegaría a ser amigo de los surrealistas Paul Éluard y Louis Aragon. ¡Tremendo sacrilegio! Un poeta chileno envalentonándose con otro poeta amigo de los poetas franceses. Surrealismo a la chilena, en estado puro. La choreza será convulsiva o no será.

—No hay surrealistas en Chile —fueron las duras palabras de Elisa Bindhoff, la viuda de Breton, pronunciadas muchos años después, cuando Arenas llegó a París buscando al padre fundador del surrealismo. ¿Realmente no había surrealismo en Chile? ¿Y qué fue entonces de la Mandrágora? El peso de la realidad de los hechos y de la propia tradición literaria les detuvo el automatismo psíquico. ¿Qué fue de Braulio Arenas? Acabó siendo relegado de todos los círculos, tras su desafío al olímpico Nobel de Literatura.

Quien apoyara la causa allendista, durante el gobierno de la UP, luego se volcó en favor del Régimen Militar, dedicándole incluso un himno a la Junta, llamado “Chile es así”: "Era la angustia por doquier,/ era el hampón y era el terror,/ el tribunal al que se dio/ falsa etiqueta popular (…) / Chile es así:/ no tiene nada que ocultar,/ aquí no hay Muro de Berlín". ¿El surrealismo de Arenas acabaría por avivar el fuego amigo? Fueron estos hechos los que marcaron para mal la reputación de Arenas en el medio literario. Gonzalo Rojas, uno de sus más amigos, le escribió unos versos: "Dios pronto le dé ese Premio / Nacional a Braulio y el de Estocolmo si es posible / para que acabe de una vez / con su rencor de payaso pobre".

Lo realmente surrealista pasó años después, en 1984. Contra todo pronóstico, y pese a la “mala leche”, Braulio Arenas recibió el Premio Nacional de Literatura de parte del mismísimo Pinochet. Esa pura anécdota catapultaría para siempre su imagen a la sombra del circuito literario dominante, más afín a la izquierda política. ¿Será que al aceptar ese Premio Nacional había sucumbido a la tentación del poder, traicionando los propios principios surrealistas? ¿O, en realidad, al ser galardonado por el principal enemigo de sus antiguos camaradas, estaba propiciando el cisma dentro de su propio nicho ideológico, “escandalizando” a sus propios compañeros, desafiando el horizonte de sus consciencias, volviéndose, a propósito, un paria, un sujeto incómodo, “cancelable” (de acuerdo al prisma vigente) para inaugurar con eso su poética surrealista definitiva: la poética de la discordia?

Tal vez, con ese gesto, Arenas estaba demostrando, a su manera, un espíritu similar al de Artaud: un gesto de repulsa. A fin de cuentas, su renuencia a dejarse encasillar los hizo encarnar un auténtico surrealismo, un surrealismo sin militancias definidas, un surrealismo abocado por completo a la libertad de la consciencia, a toda prueba y a rajatabla. En definitiva, los verdaderos traidores, los verdaderos asesinos del surrealismo fueron los que lo sometieron al mundo de los hechos y al terreno de la sucia política.

Como mencionó Enrique Gómez Correa, citado por Stefan Baciú: “La misión de la poesía es difícil. Ella no se mezcla con los acontecimientos de la política, con la manera como se gobierna un pueblo, no hace alusión a los periodos históricos, a los golpes de Estado, a los regicidas, a las intrigas de cortes. Ella no habla de las luchas que el hombre emprende y, solo por excepción, con él mismo, sus pasiones”.

“Manteneos puros, libres de todo compromiso, de toda contaminación. Buscad lo desconocido. Penetrad en el misterio”.



La matriz político ideológica del mainstream literario es progresista. Urgen voces en una línea diferente.

Teleféricos en Valpo

Uno de los candidatos a alcalde de Valpo dijo en su campaña que avanzará hacia la creación de teleféricos. Ya se está avanzando en un anteproyecto por el Ministerio de Obras Públicas. El primer recorrido está establecido entre el puerto y Placilla. Sería una idea vanguardista para mejorar el desplazamiento y descongestionar el tráfico, además de contar con una increíble vista panorámica repleta de vértigo. Esperemos que el próximo alcalde, mientras tanto, se ponga las pilas con el rescate de los ascensores históricos, demanda urgente de los vecinos, y remodele por completo el plan de la ciudad tras su deterioro progresivo. Una manito de gato en los cerros, reviviendo sectores patrimoniales, tampoco vendría mal.


viernes, 25 de octubre de 2024

Enrique Gómez Correa, Testimonio de un poeta negro (fragmento)

"Toda idea contemporarizadora del bien debe ser eliminada. Las doctrinas, el mundo total de las ideas hasta ahora conocidas, debe ser arrastrado al más absoluto descrédito. Se pondrá toda idea, aún la más querida, al alcance de este fuego cegante hasta que ella no sea sino un mero fósil. El espíritu deberá ser liberado por primera vez de toda servidumbre intelectual. Será preciso tener la valentía y la generosidad del corazón y del cerebro para sobrevivir a este vendaval que habrá de arrastrarnos a la Edad de Oro del pensamiento. No habrá nunca más dualidad ni primacía entre el instinto y la razón. El pro y el contra se habrán definitivamente abolidos. El destino del pensamiento humano estará en esta aventura." Enrique Gómez Correa, Testimonio de un poeta negro. Enrique Gómez Correa, uno de los fundadores de la Mandrágora, primer grupo surrealista en Chile.

jueves, 24 de octubre de 2024

Fábulas infantiles

 Textos escritos hace muchos años. Mi incursión en la narrativa de fábulas con orientación "infantil".


La Liebre y el Topo


La Liebre saltó dos veces y cayó en un agujero. Al verse toda sucia de barro, la Liebre traviesa empezó a sacudir su cuerpo, con sus patas y manos, provocando un gran revuelo en la madriguera.

- ¿Qué estás haciendo? -, le gritó, furioso, un Topo.

- ¿No te das cuenta que estás ensuciando mi casa? -.

- ¡Ay! disculpa. Por favor, disculpa-, le dijo la Liebre, muy nerviosa.

–No fue mi intención estropear tu casa y ensuciar tus muebles-.

El Topo estaba mudo y golpeó la cola contra la alfombra, en señal de impaciencia. Luego, empezó a recorrer la habitación, ordenando los muebles que habían quedado dispersos. La Liebre, entonces, le dijo que le ayudaría. El Topo no dijo nada, muy enojado.

Pasó un buen rato en que los dos animales, enfrascados en barrer y limpiar toda la madriguera, ni se miraban ni se hablaban. Tan ocupados y ensimismados estaban en su propia diligencia, que solo se escuchaba el sonido del trajín.

- ¡Ya está! -, exclamó la Liebre de pronto. –Todo volvió a su orden-.

- ¿Y cómo lo sabes? -, replicó el Topo. –Tú no vives aquí-.

–La otra vez que caí aquí, esta mesa amarilla estaba en el rincón de allá, y los sillones rojos al lado de aquella puerta-, dijo certeramente la Liebre.

- ¡Ah! tú estás equivocado. Ese es el orden de otra casa-, replicó el Topo.

- ¿Otra casa? -, preguntó la Liebre, muy sorprendida. –Entonces ¿Cuántas casas tienes?

–Mmm… muchas-, respondió el Topo, misterioso. -… más de una-.

–Pero ¿Cuántas exactamente? -, le preguntó, majadera, la Liebre, ansiosa por saber.

–No te lo diré, porque si te lo digo, tendré que decirte donde están, y si sabes dónde están, tendré que limpiar muchas veces y muchas veces más, donde yo vivo-, respondió, un tanto triste y cansado el Topo.

Luego, caminó unos pasos y se arrellanó en el sillón.

La Liebre asomó su cabeza blanca por el agujero de la madriguera.

–No vaya a ser cosa que venga otro como yo, y vuelva a caer de nuevo-, pensó para sí. Y confeccionó un cartel que decía algo así como: “cuidado con el hoyo”. Escrito con tan mala letra que parecía decir: “cuidado con el ojo”.

Mientras tanto, el Topo se había quedado dormido. Como era su costumbre, comenzó a hablar en sueños:

-1, 2, 3… 6, 7, 8… 12, 13, 14…-, murmuró. –Nunca podré terminar, y la comadreja malvada entrará en mi hogar-.

La Liebre, al regresar a la madriguera, había escuchado al Topo hablar en sueños.

–Está profundamente dormido y algo parece decir-, dijo la Liebre.

-Cuenta y cuenta y a algo parece temer. ¿Cuántas casas tendrá? -.

El Topo, que ya empezaba a despertar, agitó sus manos y patas rápidamente en el aire.

- ¡Ah! de nuevo. ¡La comadreja! -, dijo el Topo, despertándose de improviso.

–Esta criatura quiere invadir mis casas y llevarse mis cosas-.

- ¿De qué criatura hablas? -, preguntó la Liebre.

–De la comadreja. Quiere robar las cosas de mis casas-, respondió el Topo.

- ¿Qué estuviste haciendo mientras dormía? -.

–Te hice un cartel para que nadie vuelva a caer en tu casa-.

La Liebre le mostró al Topo el cartel que había colocado en la entrada de la madriguera.

- ¿Qué es esto? Está mal escrito el mensaje. Ahora que me acuerdo ¿Dónde está tu bulto de zanahorias? -.

–Al venir hacia acá, se me cayeron al río-.

–Yo tengo la solución a tu problema. En mi baúl tengo unas cuantas zanahorias que puedes escoger-.

–Y yo tengo la respuesta a tus pesadillas. Descuidado en el andar seré, pero un gran amante de la vida soy, y es que la solución a tu problema es la construcción de puertas, que impedirán la entrada de la comadreja-, señaló muy satisfecha, la Liebre.

Así, el Topo le miró, con rostro misterioso y se pusieron a trabajar con madera del bosque que alguien dejó de más, mientras la Liebre observaba con extrañeza lo que solía ser un simple agujero opaco, sin salida.

Al tiempo que ambos animales seguían en lo suyo, la presencia de una criatura se dejó asomar al fondo del bosque, un pequeño carnívoro de cuerpo alargado y de mirada penetrante.

-Llegó la hora-, dijo para sí. -Hogar, dulce hogar-.




La flor de Karín


Hacía rato que las mariposas se encontraban esparcidas como gotas multicolores sobre las hojas y ramas de aquel charco gris y pantanoso. –Vámonos, vámonos-, le gritaban sus semejantes. –Se está haciendo de noche y debemos volar mucho para llegar a casa-, volvieron a repetir. –No, no quiero irme a casa. Ya que esta flor es mía. Y solo mía. Váyanse ustedes, yo los alcanzo luego-, les dijo la terca Karín.

Efectivamente, la flor del zarzal que había embrujado a nuestra amiga, era muy hermosa y olorosa. Era única, parecía brillar como luciérnaga en medio de tanta monotonía.

- ¡Qué terca es Karín! Nos tendremos que ir sin ella, ya que está alienada por esa flor-, dijeron sus compañeras.

- ¡Ahora sí que nos vamos!, gritaron fuertemente en coro.

–Tendrás que volver sola y muy luego, ya que se está obscureciendo rápidamente-. Volvieron a replicar. Y dando media vuelta, emprendieron su colorido vuelo a casa. Muy lejos de ahí, cerca de la primera catarata junto al volcán.

Cuando ya se esfumaban en el horizonte celeste, un gran resoplido movió las hojas que estaban cerca de la mariposa. - ¿Qué es eso? ¿Quién anda por ahí? -, preguntó asombrada Karín. Luego de un corto silencio, otro resoplido. Y luego otro, y luego, otro más. De repente, abrió sus alas, con un gran bostezo, Tolón, el murciélago. Colgado de una rama, se desperezó, apartando de su cuerpo todas las hojas que habían caído durante el día.

–Mmm… qué linda flor me he encontrado-, dijo entusiasta el murciélago. -Hoy será un gran día para mí. Estoy de suerte. Comencé con un colorido regalo-.

El murciélago se aprestó a tomar la flor del zarzal, volando de manera veloz.

- ¡Ah!... ¿Qué pasó? -, exclamó sorprendido - ¿Qué acaso las flores vuelan? -.

- ¿Qué estás haciendo? Pájaro endemoniado-, le gritó furiosa Karín.

–Estoy tomando lo que es mío-, repitió exaltado, el murciélago.

–Estuviste a punto de hacerme daño, pajarón-.

–No me interesa si te hice daño. Solo quiero mi flor-.

–La flor es mía y solo mía. Yo la vi primero-.

–Nada de cuentos, mariposita. Esta flor es para mí-.

–Tú no te mereces esa flor, ratón volador ¡Eres feo y repugnante! En cambio, yo soy bella y estoy a la altura de esta flor-.

Tolón, un tanto humillado, se quedó enganchado en una rama patas arriba y, en silencio, por un largo rato, no dijo nada. La mariposa, por su parte, agitaba sus alas casi transparentes. Dio un vuelo rápido por el contorno del pantano y se quedó parada sobre un promontorio.

–No podré llevarte a mi casa-, dijo algo pensativa.

-Por un lado, estás fija al pantano y no puedo cortar tus raíces; y, por otro, se ha hecho demasiado tarde-, agregó abatida.

Mientras tanto, el murciélago, receloso, miraba y miraba, sin decir una palabra. Se diría que se había convertido en estatua, por lo inmóvil de su posición. Solo, de vez en cuando, movía sus grandes orejas, apuntándolas hacia la flor. Luego, dejándose caer de la rama, voló hacia la flor y la olisqueó, para después perderse entre las ramas de los árboles.

-¡Bah! se fue el ratón alado-, dijo displicente Karín, observando cómo las hojas caían tras el vuelo del murciélago.

–Ahora sí que es enteramente mía y solo mía-, dijo enamorada y se desplazó confiada hacia la flor.

Karín comenzó a frotar sus transparentes y coloridas alas, dejando una película multicolor sobre sus pétalos.

-¡Ilua!-, bostezó de pronto. -Qué cansada estoy. Me siento igual que el feo murciélago-. Abatida, la presumida mariposa desplegó sus alas como queriendo abrazar a la flor. Luego, Karín se hundió lentamente, en un sueño sin fin.

Entretanto, Tolón venía volando de vuelta, en medio de hojas y ramas oscuras. El murciélago había dado varias vueltas al frondoso bosque. Recorrió abetos, abedules, álamos, alerces, y cuánto hay de árboles y jardines naturales y matinales, que se multiplicaban por toda la fértil y espléndida naturaleza.

–Nada. No he encontrado nada tan bello como esa flor-, dijo, decepcionado, Tolón.

Antes de llegar al pantano, el murciélago miró al cielo y se percató que estaba próximo a llover.

–Huele a húmedo. Habrá tormenta-, aseguró, y se guareció bajo las gruesas hojas de un romero, sin perder de vista la flor.






El pingüino




Había una vez un singular pingüino. Él era diferente al resto por poseer una larga cola amarilla. Le creían un fenómeno, pero él se pensaba un prodigio de la naturaleza, una helada maravilla.

Un día, mientras él nadaba en las aguas congeladas de su hábitat, oyó algo muy extraño. Era como el quejido de un ave. Entonces acudió a ver qué pasaba. Efectivamente lo era, aunque no parecía ser un pingüino.

- ¿Eres de nuestra raza? -, le preguntó.

-No. Sígueme-, le respondió el ave.

De esta forma, siguió a la extraña ave, a pesar de no conocerla, cuando ella despegó de súbito en dirección al oeste.

Parecía que mientras más avanzaba, más calor sentía. Era todo un camino hecho de fundición cristalina con rastros de arena. El ave iba cada vez más rápida y el pingüino se sintió fatigado por la aproximación hacia algo que no le era familiar. Ya casi no veía nada; es más, no distinguía absolutamente nada. Así miró hacia el ave fugaz para oír lo que decía a lo lejos, pero el ave ya no se encontraba allí donde sus ojos se posaron. El pingüino tenía ganas de retroceder, pero no podía, no había caso. Siguió su camino, ciego, como dejándose llevar por un escalofrío o un presentimiento. Halló una luz resplandeciente. Era como un Sol.

-Esa debe ser la salida-, replicó, y corrió a ella. Luego empezó a dormirse de pie.

Abiertos los ojos, el pingüino se encontraba en un lugar vasto, vacío. Hacía calor, sensación que a nuestro amigo le producía náuseas y una sensación de aislamiento terribles. Se distinguían en el ambiente seres inertes, de colores muy vivos y multiformes. Había materia en fragmentos, por todo el suelo. Era un extraño mundo para el pingüino. Un mundo el cual todo su ser no podía comprender.

Caminó lentamente, curioso y cansado. De repente, vio una larga cola que sobresalía desde el suelo de materias. La olió y se escuchó un quejido. Apareció una criatura, con largos pies, nariz alargada, con bigotes, dientes y grandes ojos.

- ¿Quién eres? -, preguntó el pingüino.

-Ten más cuidado, extraño buitre. ¡Yo soy una rata! -, dijo la criatura.

- ¡¿Una rata?!-.

–Sí, yo soy una rata, y tengo unas patas largas para...-.

- ¿Para qué? -.

–No te puedo decir, buitre. Es un secreto muy secreto. Es tan secreto que hasta a mí se me olvida-.

-Bueno, rata. Hasta pronto. Seguiré mi camino por este lugar-.

En su camino, se encontró a otra rata parecida a la anterior.

-Oye, tú, rata, dime ¿Para qué tienes patas largas? -, le preguntó el pingüino.

-No sé de qué hablas. Lo de las patas largas es un secreto. Y es tan secreto que tengo que esconderlo bajo la arena en todo momento para que no se me olvide-, contestó la rata.

Así el pingüino se marchó otra vez, frustrado por desconocer aquel secreto.

De vuelta en su camino, el pingüino halló un lago. Se sorprendió y corrió a él para refrescarse, pero en tanto asomó su pico, esta se volvió materia en fragmento.

- ¿Qué es esto? -, preguntó el dudoso pingüino.

–Es una ilusión-, le contestó una criatura de larga lengua, y patas echadas en el suelo.

- ¿Quién eres? -, preguntó el pingüino, una vez más.

-Soy un lagarto. Repito: L-A-G-A-R-T-O-, respondió la criatura.

– ¿Y qué es, eso? -.

– Pues un lagarto se asemeja mucho a otra criatura: el sapo. Pero yo no soy un sapo, porque ellos tienen una lengua más larga que la mía y saltan con sus patas largas-.

- ¿Tienen patas largas? -, preguntó el pingüino, ante la inesperada respuesta del lagarto.

–Sí, las tienen-, le contestó.

Se fueron al refugio bajo la arena. Ya se hacía de noche y hacía mucho frío.

-Este es mi clima familiar. Me acostumbro-, le dijo el pingüino al lagarto.

Estuvieron un rato junto hasta que el lagarto se despidió sin previo aviso y el singular pingüino prosiguió su recorrido.

- ¿Por qué son tan raras las criaturas de este lugar? Pero ahora sé para qué sirven las patas de las ratas-, se cuestionó el pingüino, mientras caminaba con sus patas cortas.

Y así siguió y siguió por la noche del lugar acalorado. De pronto ¡sorpresa! El pingüino se encontró con el ave del pasaje secreto. Esta vez necesitaba ayuda. El pingüino le aventó su pico al ave para sacarla del abismo absorbente en el suelo.

-Ya te has acostumbrado bastante bien a este nuevo lugar, así que sígueme de vuelta-, le dijo el ave al pingüino.

Súbitamente, el pingüino apareció de vuelta al frío, su hábitat. El resto de sus semejantes le atisbó, y le preguntaron dónde había estado.

-No lo sé. Era un lugar secreto-, respondió el pingüino, sereno y tranquilo.

Tal vez el resto de los pingüinos del mundo no sepan nunca de la existencia de ese misterioso lugar. Sin embargo, nuestro singular pingüino, con el paso del tiempo, ya no lo recuerda en absoluto. Solo él supo hasta qué punto el riesgo de abrirse a lo desconocido pesa tanto como el olvido.

Centenario del surrealismo.

Fragmentos del "Primer manifiesto surrealista" de André Breton (1924):

"Amada imaginación, lo que más amo en ti es que jamás perdonas.
Únicamente la palabra libertad tiene el poder de exaltarme. Me parece justo y bueno mantener indefinidamente este viejo fanatismo humano. Sin duda alguna, se basa en mi única aspiración legítima. Pese a tantas y tantas desgracias como hemos heredado, es preciso reconocer que se nos ha legado una libertad espiritual suma. A nosotros corresponde utilizarla sabiamente. Reducir la imaginación a la esclavitud, cuando a pesar de todo quedará esclavizada en virtud de aquello que con grosero criterio se denomina felicidad, es despojar a cuanto uno encuentra en lo más hondo de sí mismo del derecho a la suprema justicia. Tan sólo la imaginación me permite llegar a saber lo que puede llegar a ser, y esto basta para mitigar un poco su terrible condena; y esto basta también para que me abandone a ella, sin miedo al engaño (como si pudiéramos engañarnos todavía más). ¿En qué punto comienza la imaginación a ser perniciosa y en qué punto deja de existir la seguridad del espíritu? ¿Para el espíritu, acaso la posibilidad de errar no es sino una contingencia del bien?"
...
"El hombre propone y dispone. Tan sólo de él depende poseerse por entero, es decir, mantener en estado de anarquía la cuadrilla de sus deseos, de día en día más temible. Y esto se lo enseña la poesía. La lleva en sí la perfecta compensación de las miserias que padecemos. Y también puede actuar como ordenadora, por poco que uno se preocupe, bajo los efectos de una decepción menos íntima, de tomársela a lo trágico. ¡Se acercan los tiempos en que la poesía decretará la muerte del dinero, y ella sola romperá en pan del cielo para la tierra! Habrá aún asambleas en las plazas públicas, y movimientos en los que uno habría pensado en tomar parte. ¡Adiós absurdas selecciones, sueños de vorágine, rivalidades, largas esperas, fuga de las estaciones, artificial orden de las ideas, pendiente del peligro, tiempo omnipresente! Preocupémonos tan sólo de practicar la poesía. ¿Acaso no somos nosotros, los que ya vivimos de la poesía, quienes debemos hacer prevalecer aquello que consideramos nuestra más vasta argumentación."
...
"En este terreno, como en cualquier otro, creo en la pura alegría surrealista del hombre que, consciente del fracaso de todos los demás, no se da por vencido, parte de donde quiere y, a lo largo de cualquier camino que no sea razonable, llega a donde puede. Puedo confesar tranquilamente que me es absolutamente indiferente la imagen que el hombre en cuestión juzgue oportuno utilizar para seguir su camino, imagen que quizá le procure la pública estimación. Tampoco me importa el material del que necesariamente tendrá que proveerse: sus tubos de vidrio o mis plumas metálicas... En cuanto al método de tal hombre lo considero tan bueno como el mío."
...
"El surrealismo, tal como yo lo entiendo, declara nuestro inconformismo absoluto con la claridad suficiente para que no se le pueda atribuir, en el proceso el mundo real, el papel de testigo de descargo. Contrariamente, el surrealismo únicamente podrá explicar el estado de completo aislamiento al que esperamos llegar, aquí, en esta vida. El aislamiento de la mujer en Kant, el aislamiento de los «racimos» en Pasteur, el aislamiento de los vehículos en Curie, son a este respecto, profundamente sintomáticos. Este mundo está tan sólo muy relativamente proporcionado a la inteligencia, y los incidentes de este género no son más que los episodios más descollantes, por el momento, de una guerra de independencia en la que considero un glorioso honor participar.
El surrealismo es el «rayo invisible» que algún día nos permitirá superar a nuestros adversarios. «Deja ya de temblar, cuerpo». Este verano, las rosas son azules; el bosque de cristal. La tierra envuelta en verdor me causa tan poca impresión como un fantasma. Vivir y dejar de vivir son soluciones imaginarias. La existencia está en otra parte."


Yvan Goll, Surréalisme, Manifeste du surréalisme,1​ volumen 1, número 1, 1 de octubre de 1924, portada de Robert Delaunay

miércoles, 23 de octubre de 2024

Jorge Volpi sobre su libro "La invención de todas las cosas"

"¿Y qué hay de la distancia entre la ficción y la mentira? Volpi se remite a una frase de Juan José Saer —"Mientras que todas las mentiras son ficciones, no todas las ficciones son mentira"— justo antes de explicar que "los chimpancés y los bonobos, nuestros parientes más cercanos, ya engañaban, pero el ser humano es el único capaz de convertir esto en un relato, o sea, que el engaño se convierta en una mentira".
Siguiendo con los simios, la capacidad humana (y su afición) por contar historias deriva del "comportamiento performático" de estos animales, es decir, las exhibiciones de fuerza ante el líder del grupo. En realidad no es un desafío para comenzar una pelea, sino "una manera de decirle que podría ocupar su puesto". Otra ficción, al fin y al cabo. Y es que "la construcción de ficciones también está relacionada con el poder". Jorge Volpi

martes, 22 de octubre de 2024

"El lugar del escritor", Luis Eduardo García (fragmento)

"¿Cuál es el lugar del escritor en el mundo?, se pregunta Abelardo Castillo en su magnífico libro "Ser escritor". Y luego responde: «Un hombre que establece su lugar en la utopía». La respuesta no es, desde luego, alentadora, aunque sí realista.

Cuando Abelardo Castillo dice que el escritor busca su lugar en la utopía, lo que está diciendo es que este se ha quedado prácticamente sin piso en un mundo pragmático y estimulado por el consumo. Por esta razón, su labor se ha convertido en una aspiración, en un ideal, en una búsqueda del absoluto: que la literatura es fundamental para enriquecer el espíritu humano, pero no para cambiar el mundo."
No me da el tiempo para una reflexión de más alto calado porque ando full pega, pero puedo resumir lo que está pasando en el terreno político en el país con una relectura de mi tesis de licenciatura: Chile es un pandemonio, territorio del desconcierto.