martes, 16 de agosto de 2022

A qué costo se deja de ser un camarada para algunos.
A qué costo se deja de creer en una posible relación.
A qué costo se deja de ser del círculo literario.
Ese costo no es otro que el ostracismo, pero también la libertad.

lunes, 15 de agosto de 2022

Entrevista en Forbes a Julian Assange, año 2010:

"¿Te consideras un partidario del libre mercado?

Totalmente. Tengo diferentes posturas hacia el Capitalismo, pero me encantan los mercados. Habiendo vivido y trabajado en diferentes países, he podido comprobar el formidable dinamismo en, por ejemplo, el sector de la comunicación de Malasia comparado con el americano. En Estados Unidos todo es vertical, integrado y encorsetado. Por eso mismo no tienes un libre mercado ahí. En Malasia tienes un amplio abanico de participantes. Ahí puedes ver los beneficios de ese resultado".

"Te has ganado la reputación de antiestablishment y antiinstitución

No del todo […] No es correcto meterme en ninguna escuela filosófica o económica, porque he aprendido de muchos, y una de ellas es del liberalismo americano (American libertarianism) y mercado liberal (market libertarianism). Por lo tanto, en lo concerniente al mercado, soy liberal (libertarian), pero tengo suficiente experiencia en política e historia para saber que el libre mercado acaba en un monopolio a menos que lo fuerces a ser libre".

"WikiLeaks se diseñó para hacer el Capitalismo más libre y ético".

Este hallazgo periodístico nos deja varias preguntas. Si el propio Assange, hoy perseguido por el Deep state norteamericano, señaló en su momento que él abogaba por un libre mercado, visión de la economía más próxima a la derecha liberal ¿Por qué son los sectores de izquierda, inclusive simpatizantes del socialismo y el comunismo, los que lo apoyan de manera más ferviente? Esto es fácil de responder para quien ya superó la engañosa dialéctica del sistema y, en cambio, se atreve a ver las cosas “fuera de la máquina” para apreciar los valores fundamentales.

Assange representa, a estas alturas, el paradigma del combate contra el imperialismo yanqui, de ahí que es fácil deducir por qué aquellos sectores ven en el periodista otro mártir de la causa, aunque él no sea necesariamente un tipo de izquierdas, sino que sencillamente un “librepensador” consecuente con su labor y con sus principios.

Por otra parte, algunos liberales clásicos o libertarios en la línea de Murray Rothbard han hecho eco de la situación de Assange y lo han enarbolado, más bien, como mártir de la libertad de expresión y de información en una sociedad democrática y republicana.

En el fondo, hay que pensar en Assange como una figura transversal que lima las asperezas políticas y las aparentes disputas teóricas entre distintos sectores, porque apunta a un enemigo común, poderoso, cínico e implacable, y levanta una bandera justa que pocos, en la actualidad, están dispuestos a izar, sin antes desplegar sus propios intereses y agendas y caer presos del juego binario, de la fatal división que tiene a la ciudadanía enfrentada por disputas del todo intrascendentes, que no tocan ni un centímetro el núcleo del poder real.

domingo, 14 de agosto de 2022

Ratas (2012)

Se trata de un experimento de escritura poética basado en imágenes, proyecto que hice en mis tiempos de universidad y que incluso quería publicar pero que nunca vio la luz. Aquí uno de esos experimentos, que tiene ya más de una década. Algo totalmente distinto a lo que hago actualmente. No se extrañen por el lenguaje hermético y recargado:

El ruido se instala en la familia de ratas. La inaudita pero elemental disparidad de los colores, la matriz cromática de los padres, quizá por su distancia tan seductora, insta al inevitable magnetismo de los opuestos, la simbiosis de las pieles, a su vez como la electricidad del conflicto entre negro y blanco, ahora, extremos de pureza roedora.

Llevan la energía de la mácula, la rata dominante como materia prima en la forma pálida de su otro, pero esa mancha gloriosa inaugura su transmutación una vez se vacía de pureza, y entonces rompe hacia una gris entidad. De ese ruido pueden los padres renacer y derramarse, negros en su concepción, híbridos como en un choque de luces, jugar a excavar agujeros físicos, químicos, muchas otras manchas prodigiosas en la Gran Madriguera, espacio tiempo en el cual los grises se entrometen como en un ritual de su mixta existencia.

Los grises primogénitos se atan a la piel, el opaco esplendor de los puros, y enredados en su cuerpo bipolar, atraviesan el umbral de creación, en el hondo universo de los que roen sus colores.

La energía de los grises es llevada al paroxismo: cavan, cavan hacia el otro lado y encuentran la mácula, continúan más profundo hasta hacer del gris el color de la vida, el nuevo blanco y negro, corrupta pureza que se crea a sí misma, y cueva donde la herencia vuelve a la carne.

Los segundos grises, las últimas ratas, roen y roen, socavan sus blancos y negros, en la alquimia de su sangre el gris de sus padres acaba por roerse a sí mismo como en un corredor sin salida de su laberinto genético ¿parricidio o prodigio? La generación de segundos grises quiebra con la anterior pureza. Ellos echan raíces en la estructura roedora, cavan la médula y desatan la chispa recesiva. Las nuevas ratas negras y blancas comparten con los nuevos grises el festín de la autofagia. La familia está completa. Los colores se han desintegrado. Los roedores han vuelto al ruido poético.

"A mí me va lo gore, ¿cachai?, La poesía no me pone". Una chica rockera ayer a un amigo que le dedicó unos poemas.

Las otras fuerzas del Rechazo: contrapunto de sombras.

Se ha dado un verdadero contrapunto de sombras en torno al rechazo al proceso constituyente. Este rechazo hace rato que ya está lejos de constituir un grupo homogéneo y una sola bandera política. Efectivamente, es transversal, pero cabe precisar los actores en juego. Existe un sector del mundo de la izquierda que ve en este proceso la perpetuación de la “cocina” realizada el 15 de noviembre del 2019, a espaldas de la ciudadanía (es bueno recordar que el PC se mantuvo al margen de aquel “Acuerdo”, pero ahora se sube oportunamente al carro del aprobismo). Ese sector, que yo identifico como “anarco comunitario”, sostiene, a mi juicio, que es preferible marginarse de la competencia oligárquica para así mantener una visión crítica en pos de un compromiso con las “bases” para construir el llamado poder popular deliberativo y autónomo. En el fondo, acusan que el proceso constituyente fue otra maniobra de la casta política continuista del “modelo” (a través de la ley 21.200) para parasitar de la sociedad y ponerle cortapisas a las “transformaciones” que aquel legendario estallido de octubre estaba llamado a empujar. Por lo tanto, la nueva Carta Magna no haría, para ellos, más que reforzar el poder del Estado representando a “los mismos de siempre” y no impulsando aquellos cambios sustanciales que se estimaban desde el espíritu octubrista, como lo es la soberanía y la participación vinculante.

Por otro lado, existe un sector del mundo de la derecha que ve en este proceso la consolidación institucional de una insurrección planificada durante muchos años por la “izquierda radical” y que tuvo su punto de eclosión en aquel Octubre Rojo. El “Acuerdo”, para ellos, constituye la complicidad de toda la clase política con esta “revolución” en curso, de espaldas a la sociedad, a Chile y a su tradición republicana. Ese sector, muy cercano a los “libertarios”, plantea, desde mi visión, que es urgente frenar toda tentativa insurreccional en el seno de la política chilena, con tal de conservar la distancia crítica con el poder y frustrar el avance de un Estado hipertrófico que pisotea las libertades individuales de los ciudadanos. Muy en el fondo, denuncian que el proceso constituyente no es más que un complot de los políticos globalistas de izquierda y de derecha para vender la nación a ciertos poderes fácticos y cumplir ciertas agendas internacionales que instan a socavar el Estado Nación y a perturbar el orden en la patria, a costa del destino de todos sus compatriotas.

Dos espectros del Rechazo se plantan firme a la hora de conspirar para que no se apruebe la actual propuesta de Constitución. No así con respecto al proceso en curso en nuestro país. Ambos difieren en sus posturas teóricas, en sus consignas y en sus deseos, pero comparten ambos, -aunque por razones distintas-, un sentimiento de repulsa a lo que se está viviendo. Inconformistas, ajenas a la corriente mediática, procuran “salvar” algo, el país, la lucha, las bases, el orden, de algo que los amenaza, esto es, la Nueva Constitución. Esta representa, para ellos, el amarre definitivo, el texto maestro con el cual se consolidan los planes del “enemigo” en cuestión. Pese a confluir en un mismo escenario y en una dirección similar, ambos sectores, ambas sombras, están lejos de constituir un puro bloque organizado, coordinado y coherente. Es más, acarrean en sí mismos fuerzas del todo disímiles pero que vibran bajo un tenor de malestar y escepticismo. Para el resto, el aparataje de los que aprueban y rechazan para reformar, hay que visualizar el futuro del país con esmero y con plena convicción de que el espíritu común es el de la reforma, sinónimo de los grandes cambios, “en la medida de lo posible”. En cambio, para ellos, siempre sombríos, a la espera del acabóse, se trata de contraponer resistencia a los poderes en pugna que, de lado y lado, se proponen, a toda costa, instalar la narrativa del cambio constitucional como garantía máxima de la alegría que vendrá para quedarse, esta vez, para siempre, aunque ya no quede suelo que pisar ni frontera que cruzar.

sábado, 13 de agosto de 2022

“Con A Sangre Fría -decía un compadre-, Truman Capote inventó la novela reportaje. Capote entendió que la historia es ficción, y que contar la realidad es imposible”. Ergo: la realidad es novelable. Hablaba una amiga, el otro día, sobre un concepto relativo a la crónica periodística: literatura de la realidad. Interesante, porque llega un punto en que la escritura no distingue entre lo fáctico y lo ficticio. En ese territorio ambiguo, pleno de connotaciones, reside la creación.

viernes, 12 de agosto de 2022

Se sabe que Salman Rushdie, el escritor de Los versos satánicos, fue amenazado por el ayatolá Jomeini, líder supremo de Irán, en el año 1989, tras el escándalo de su novela, subversiva contra el fundamentalismo del Corán. Jomeini, en aquellos entonces, realizó una fatua en la que, literalmente, pedía la cabeza del escritor, por su blasfemia literaria. Hoy, casi treinta y tres años después, y tras una estela de censura, odio y violencia dejada en todos los lados a los que iba, Rushdie fue apuñalado de forma brutal en el contexto de una conferencia en Nueva York. Esta iba a tratar precisamente sobre su experiencia como literato exiliado y sobre cómo Estados Unidos acabó siendo, para él, una verdadera “tierra de asilo para la libertad de expresión creadora”. Hasta ahora, no se han esclarecido lo suficiente las causas del ataque por parte del perpetrador. Solo se le logró identificar con el nombre de Hadi Matar. Como si ya el hecho de sangre no bastara, la referencia no puede ser más irónica y surrealista. Por el momento, la única certeza que se tiene es que el escritor permanece en estado grave. Tal vez no pueda volver a hablar. Puede que esta sea su lucha definitiva contra los enemigos de la libertad, ojo, tanto en su natal India como en los propios Estados Unidos. La mordaza sobre Rushdie es la metáfora perfecta de una época atravesada por el talibanismo ideológico. Quien quiera ponerle un precio a la cabeza del otro, solo por pensar distinto o por expresarse en términos divergentes, tiene pasta de ayatolá, aunque lo niegue y sus pretensiones sean las de un purismo moral inexistente. Si perdemos a Rushdie, habremos perdido otra mente creadora, pero habremos ganado un mártir, un alma sacrificada por la causa quijotesca de la libertad de expresión, en plena era de la cancelación a todo nivel, ya sea en nombre del fundamentalismo religioso más rancio como en nombre de los valores más altisonantes. "La libertad no es un té de las cinco. La libertad es una guerra", rezaba un personaje de una de sus novelas. La literatura será libre o no será, despotricará rabiosa, contra todo y contra todos o acabará acuchillada, abandonada a su suerte, amordazada para siempre, bajo el silencio cómplice de los hipócritas.
¿De qué te sirve adherir doctrinariamente a una ideología si no estás dispuesto a trabajar sobre tu propio interior? Negarse a eso es lo contrario a la gnosis.

jueves, 11 de agosto de 2022

“España será el puente entre la América Latina y Europa, pero yo creo que las circunstancias nos han llevado a tratar de ser más europeos que latinoamericanos, y nosotros estamos aquí esperando, un día no muy lejano, en que regresen como se sentaban los chinos a la puerta de su casa a esperar a que pasara el cadáver del enemigo (…) Los españoles volverán otra vez, porque cada día son menos europeos (…) En el fondo, siguen siendo unos españoles iguales a nosotros”. Gabriel García Márquez en entrevista en RTVE. A raíz de este hallazgo, conversábamos respecto a la hispanidad con un compadre. En efecto, la idea de Hispanidad cobra vigencia en nuestra cultura y es lo que planteaba Gustavo Bueno al señalar que España se formó no con Europa sino contra Europa. España fue un imperio que luego se proyectó en América, por lo tanto, decir que somos Hispanoamericanos equivale a decir que reconocemos el legado de su cultura y de su historia en nosotros. Recuerdo que en mi tesis de grado sobre Los perros del paraíso de Abel Posse, al plantear que América es un pandemonio, lo que hice fue criticar el relato de los orígenes, aludiendo a que no hay una raíz unívoca, originaria, porque finalmente no somos indígenas ni tampoco europeos, sino que heredamos la tradición española que bebe de la cristiandad, de Occidente, y el mestizaje explicaría que hubo, después de todo, una hibridación cultural. Abel Posse dijo básicamente que nuestro lenguaje construye nuestro mundo, y sin España, sin la lengua española, no sería posible un Neruda y un Vallejo. Por lo mismo, y tomando la idea de Jesús G Maestro, El Quijote es nuestro canon definitivo. La primera novela bisagra entre la época de la caballería y el Renacimiento podría ser perfectamente la bisagra simbólica entre el espíritu de España y el llamado “Nuevo Mundo” americano.

Declaro mi independencia política y mi libertad de pensar por mi cuenta.

La independencia política no es otra cosa que la libertad de pensamiento llevada a la praxis, así que su represión, exclusión y discriminación entraría en conflicto con los artículos 25 y 67 consagrados en la propia propuesta de Nueva Constitución: inciso 4 del artículo 25, prohibir la discriminación fundada en opiniones políticas; e inciso 1 del artículo 67, derecho a la libertad de pensamiento y de conciencia. Cabe recalcar esto, hoy por hoy, de cara al plebiscito de salida, sobre todo y considerando la verdadera batalla campal desatada entre ambas opciones, las que han empujado posiciones totalmente radicalizadas y enfrentadas entre sí. Lo paradójico es que los diversos ataques y censuras producidas por esta división de ideas contrapuestas, tanto en los medios como en la vida pública, pasarían a llevar aquellos artículos contenidos en la propia propuesta constitucional, formando, de esta forma, un bucle contradictorio que nadie ha advertido o se ha atrevido a denunciar con firmeza. Por eso, y después de una ardua y tortuosa tarea reflexiva, me he volcado hacia una postura cada vez más distante de la “servidumbre política”, inspirada en la línea del Anarca de Ernst Junger y más cercana a la crítica de la “hemiplejía moral”, ya esbozada a la perfección por José Ortega y Gasset en su Rebelión de las masas. Soy consciente que adoptar esta posición me llevará de inmediato al ostracismo e incluso a la repulsa de ciertos “círculos” que solía frecuentar en el pasado por motivos literarios y con los cuales compartía alguna clase de afinidad política e ideológica. Ese lazo ya se ha roto, por lo que me siento, más que nunca, en plena libertad de acción y de decisión. Asumo plenamente las consecuencias de emprender este nuevo rumbo y este nuevo camino, quizá lo verdaderamente “nuevo”, después de tanto recorrido vital.