martes, 31 de mayo de 2022

Extracto de un poema escrito hace 10 años, casi como en una profecía autocumplida:

Nuevamente volvemos al juego maquiavélico
Que involuntariamente consentimos dada nuestras omisiones y desenfados sin otro nombre que aquel forjado entre sábanas e imprecaciones al alba
No podemos sino acatar la ebullición de los impulsos aquí pactados
El uso y abuso de la razón
Merced a manos siniestras que escriben cada uno de nuestros sinsabores y amarguras
En nombre de abstracciones que tranzamos solo por servir a nuestra propia justicia
Supongo no creerás en semejantes mitos
Propongo botar los velos y destruir los clichés
No hablemos ya de equilibrios ni de comunicación
Qué cambiaría con la ambigüedad del logos
Si no fuese un desatino perpetuo de nuestras expectativas respecto al mundo
Un simulacro tras el telón de realidades inconexas
Que en algún momento de entropía suprema
se unieron y desligaron casi al unísono
a la manera de la milagrosa sinapsis que permite el discurrir de esta confesión.
Evidentemente nos encanta actuar a modo de electrones que solo tienen como fin el choque y destrucción mutua
Casi como si nuestro sentido del apego estuviese acorde con el vértigo de semánticas y de químicas ínfimas, caducas como los pólenes de una primavera visceral.

¿De quién es la actual Constitución?

"La Constitución Política vigente lleva al final una firma: la del ex Presidente Ricardo Lagos Escobar. La puso ahí en 2005, cuando con un discurso donde aseguró que “tenemos hoy por fin una Constitución democrática, acorde con el espíritu de Chile, del alma permanente de Chile (…) una Constitución que ya no nos divide”, promulgó una reforma que incorporó 54 modificaciones a la Carta Fundamental que rige desde 1980. Fue entonces que su nombre reemplazó en el documento al de Augusto Pinochet."

lunes, 30 de mayo de 2022

Nancy Brophy, la novelista que escribía sobre cómo matar maridos, fue condenada por haber matado al suyo. Su obra "Cómo asesinar a tu marido", se había convertido en un best seller, sobre todo en un nutrido imaginario lector para esposas inconformes. Merced al mundo de los libros, nuestra "meta viuda negra" fundió literatura y vida de un solo disparo. Teoría y práctica. El propio ensayo escrito por Nancy sirvió como prueba indiciaria para la policía, y, de paso, como inspiración literaria para las viudas negras del futuro. En una de las partes, versa: "Como escritora de suspense romántico paso mucho tiempo pensando en matar y, consecuentemente, en el proceso policial. Después de todo, si el asesinato me libera no quiero pasar tiempo en la cárcel”.
Pregunté en Facebook sobre la definición de "octubrismo". Me encontré con esta respuesta que no podría ser más acertada:

"Corriente de pensamiento con ideas progresistas expresadas con violencia, que incluyen pero no se limitan a: culpar al capitalismo de todos los males de la sociedad, envueltos en un estructuralismo patriarcal y opresor, reivindicaciones indigenistas, romantización de las ideas anarquistas, relativización de la violencia según quien la ejerza, victimización de delincuentes, mujeres, homosexuales, inmigrantes y gente de escasos recursos por quienes dicen "luchar". Sensación de moralidad superior ante quienes difieren de estas ideas."

domingo, 29 de mayo de 2022

De madrugada fui a un cajero en el centro de Viña. Antes de meter la tarjeta, vi a un costado un rincón tapado con cartones y con una almohada sucia. Alguien de la calle, evidentemente, alojó allí y olvidó deshacer el lecho improvisado o, bien, lo dejó en las mismas condiciones para regresar cuando volviera a caer la noche. No me sorprendió tanto el que alguien haya convertido un cajero en su morada transitoria, como el hecho que, tras los cartones despedazados, había un libro. Fue tanto el impulso por querer revisarlo que me aventuré hacia aquel rincón desolado del cajero para echarle una ojeada. El sitio olía realmente mal, y parecía increíble que alguien se dignara siquiera a dejarse caer sobre esos cartones deshechos. Sin embargo, había un tesoro por recoger. Un tesoro directamente olvidado. Recogí el libro y era uno religioso, pero no se trataba de una biblia ni de un folleto de testigos de Jehová. Su diseño, según recuerdo, era como el de una revista y su título versaba “El Padre universal”. Al revisar sus páginas, estas contenían versículos, imágenes bíblicas, historias asociadas a la conversión. Seguí revisando hasta que di con una hoja de oficio doblada con un texto. Lo leí y era un poema de Gabriela Mistral, “Madrecita mía”, con tipografía de máquina de escribir. La fecha del documento databa del año 1991, según constaba al final del poema transcrito. Este hallazgo podría parecer anodino, en un principio, si no fuera por la antigüedad del documento, encontrado en ese preciso lugar y en esas condiciones. ¿Quién habrá sido quien guardaba el poema de la Mistral dentro de ese libro religioso? ¿Un misionero arruinado? ¿Un huérfano vagabundo, devoto y adepto a la poesía? ¿O simplemente una persona muy religiosa que terminó abandonada a su suerte y que decidió llevar entre sus pocas cosas un libro con aquel poema como cábala? Independientemente de su dueño, el libro sobre El Padre universal conteniendo entre sus páginas el poema Madrecita mía, era un símbolo que solo unos pocos profanos podían llegar a descubrir, en aquel cajero iniciático, para convertirse a la palabra iluminada, con tal de confirmar en su corazón el regreso o no del Mesías, el hijo perdido en la Tierra, arrojado al mundo, abandonado por Dios.

La única conspiración

La única conspiración posible

La única a prueba de hechos y certezas

Siempre fue la que urdiste

Tras la barricada de la infamia

Con palabras del todo vanas

Llenas de sofisma, dolor y veneno.
¿Qué pasaría si te dijera, querida, que nunca hubo solidez a la cual arrimarnos y siempre navegamos, evanescentes, hacia el naufragio, en el mar de la disolución, sobre todo, cuando las palabras amor, democracia y política perdieron sus contornos y su semántica originaria?

Michelle Bachelet, la madre terrible

“Michelle Bachelet sigue representando a la madre terrible, que es un arquetipo, según Carl Gustav Jung. Ella es una encarnación de aquello. El proceso de disolución y de descomposición social que se precipitó en sus gobiernos corresponde a la ausencia de forma, uno de los rasgos propios de ese arquetipo, tanto individual como colectivamente. Hoy dicho proceso de disolución está en su apoteosis. La reaparición de ella, en el último tiempo, apoyando la Nueva Constitución, sin más, no es casual, desde este punto de vista. Cabe precisar que se trata de un arquetipo del inconsciente colectivo chileno proyectado en ella, y no necesariamente de ella en términos personales”. Lucy Oporto
Murciélago y mono se disputan la hegemonía pandémica. ¿Metáfora de una revolución animal? ¿O fábula por un nuevo orden virológico?

sábado, 28 de mayo de 2022

Ecce homo (poema)

Quédense su hombre deconstruido.
Quédense su hombre nuevo.
Quédense su transhumano del futuro.
Yo seguiré siendo el que soy,
Aunque ya no quede tierra que pisar.
Cuando se declaró el Acuerdo por la Paz, para nosotros, en cambio, se declaró la guerra, sucedida por una peste y un insufrible antagonismo.

Nueva Constitución: la batalla por el plebiscito de salida y las “otras” fuerzas del Rechazo.

La batalla por el plebiscito de salida

Con el borrador de la Nueva Constitución en mano, se vienen meses de batalla campal entre aprobistas y rechacistas. Todos están a la expectativa. Nadie sabe realmente cuál opción será la vencedora. Cada uno quiere creer que su opción es la mejor para el país. Pero lo único cierto es que se profundizará aún más en la división ideológica. Sea cual sea el resultado, la disección nacional continuará y, de no detenerse, Chile podría llegar a un punto de no retorno, en que se volvería una nación en guerra interna.

Pese a esta incertidumbre, se precisa tomar una posición pragmática de cara al plebiscito de salida. El gran problema es que tomar partido por un lado implica inmediatamente, para el inconsciente colectivo, anular, caricaturizar o deshumanizar al contrincante. De esta forma, la discusión sobre un proceso constitucional, que debería unir a los compatriotas, ha acabado, irremediablemente, por aumentar aún más la fisura entre dos visiones políticas antagónicas. Y he aquí que debemos hacer un alto para aceitar la maquinaria de la reflexión.

Se ha dicho repetidamente, a través de las distintas plataformas partidistas, que inclinarse por una opción significaría la salvación y decantarse por la contraria representaría el caos absoluto. Esta manera binaria y torcida de ver la realidad política del país solo ha redundado en un completo divisionismo y sectorialismo, muy lejano de una perspectiva integral y una mirada con mayor altura de miras. Así, la bandera del Apruebo ha sido la punta de lanza de la nueva hegemonía: un gobierno progresista que dice buscar la demolición del sistema neoliberal para instalar, en su lugar, un sistema en donde el Estado cobre mayor preponderancia. Por su parte, la bandera del Rechazo ha sido la oposición a aquel proceso revolucionario. La reacción a la oleada del cambio, para mantener, según dicen, la actual Constitución en su lugar.

Frente a estos lineamientos, surge de inmediato la pregunta: ¿Aprobar el borrador te vuelve automáticamente del bando de la izquierda progresista, la clase trabajadora y la vanguardia iluminada? Y, por otra parte ¿Rechazar te vuelve automáticamente del bando de la derecha conservadora, la clase burguesa y la oligarquía chilena? Son estos dos puntos de vista antagónicos, precisamente los que deben examinarse y problematizarse, en pos de una elección concreta frente al plebiscito de salida.

Si hablamos de los aprobistas, aquellos sectores políticos que están por el Apruebo a la Nueva Constitución, es posible identificarlos de manera más o menos certera. En su mayoría, se trata de aquellos grupos asociados a la nueva izquierda progresista, los cuales tienen como máximos referentes a los actuales representantes del gobierno y a los convencionales de izquierda, que constituyen un grupo numeroso, por no decir mayoritario. También, dentro del Apruebo, se encuentran, por supuesto, aquellos relacionados directamente con los partidos tradicionales de la izquierda chilena: los del Partido Radical, el Partido Socialista, el Partido Comunista e incluso altos representantes de la ex Concertación.

Cuando hablamos de los rechacistas, los sectores políticos que apuntan a rechazar el proyecto de Nueva Constitución, la cuestión, en cambio, comienza a hacerse un poco más compleja en su cabal representatividad ¿por qué? Porque ya no basta con señalar a los rechacistas como los “zorrones” de la política chilena, relacionados directamente con la derecha neoliberal, con aquella clase privilegiada, aquellos herederos, cómplices o simpatizantes del legado de la Dictadura y la corporatocracia que mantiene capturado a este país, a través del monopolio de sus medios de producción, sus recursos naturales, su historia pasada, presente y futura. No. Este proceso de crisis estructural y atomización de las fuerzas que se fue gestando durante los gobiernos de la Concertación y que tuvo su máximo punto de eclosión el 18 de octubre del 2019, ha demostrado que el cisma del poder político imperante es mucho mayor de lo que se creía, difuminando incluso los límites sectoriales que se creían insuperables y que han instalado la lógica del divide et impera en la mente y el corazón de la ciudadanía de a pie.

Las “otras” fuerzas del Rechazo

Seamos claros, de una vez por todas: rechazar el borrador de la Nueva Constitución ya hace mucho rato que dejó de ser una mera reacción de la clase privilegiada y del poder conservador frente a una improbable “amenaza marxista”. Rechazo ya no equivale exclusivamente a la derecha. Las miradas se diversificaron. Las fuerzas políticas han mostrado sus propios roces internos. El panorama geopolítico, así, ha obligado a repensar la implicancia de cada uno de los pretendidos avances en pos del cambio de paradigma. Pensemos, por un instante, más allá de la oxidada antinomia izquierda-derecha, con toda su respectiva carga histórica. Hagamos una lectura de aquellas fuerzas alternativas que han ido surgiendo, ajenas al circo mediático y al aparato comunicacional. Encontraremos en esa avanzada rechacista, una multitud de actores que no se identifican necesariamente con la derecha política, y que tampoco se divorcian totalmente de la izquierda tradicional. Incluso hay, dentro de esta multitud, agentes que abogan, decididamente, por una “tercera vía”, buscando desmarcarse del maniqueísmo político de nuestro país.

Los primeros actores de esta avanzada son, aunque suene increíble, izquierdistas. Se manifiestan deudores de la insurrección de octubre, románticos del estallido social, pero totalmente contrarios a la institucionalización del proceso posterior al Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución. Fue justamente aquel acuerdo realizado “a espaldas” de la ciudadanía, el que traicionó, según ellos, las fuerzas disputadas durante la revuelta, aplacando su espíritu. Entonces, abogan por mantener viva la llama de la inconformidad desde las llamadas “bases”, en las calles, en las comunidades. Sin embargo, y he aquí lo interesante, cuestionan a los propios partidos políticos tradicionales de izquierda que se arrogan la representación de esas “fuerzas populares” para impulsar su carrera en el Estado. A partir de la definición hecha por Max Weber sobre esta entidad monopólica, impulsan su principal crítica al borrador de la Nueva Constitución. Señalan que una Constitución debería concebirse para proteger a cada persona del poder del Estado. Pero advierten que los 499 artículos planteados en la propuesta de Carta Magna aumentan considerablemente el poder estatal sobre prácticamente todos los ámbitos de la vida en sociedad, poniendo a los chilenos a su merced. Léase aquí poder estatal como poder coactivo por sobre los particulares. Así, este sesgo autoritario permite suponer que el enemigo al que intenta contener la futura Nueva Constitución no es el Estado y su monopolio de la violencia, sino que los propios ciudadanos y sus expresiones de masas.

Otro argumento que esgrimen los actores de esta “izquierda disidente” consiste, de nuevo, en el poder excesivo del Estado, sobre todo en lo referente a la llamada plurinacionalidad. Plantean que el concepto de nación, concepto moderno, no tiene nada que ver con las autonomías culturales y territoriales invocadas por distintos grupos del activismo indígena en la Araucanía. De acuerdo a esta visión, imponer el término plurinacionalidad, lejos de restaurar el habitar autónomo de aquellos grupos, desataría un conflicto de intereses todavía mayor, al poner en peligro la unidad nacional mediante la eventual aparición de una serie de fronteras territoriales no del todo definidas. Así lo planteó claramente la abogada Carola Canelo, en su cuestionamiento al borrador de la Nueva Constitución. Siguiendo la misma idea, se ha afirmado que el borrador tiene una impronta racista, precisamente, al incluir normas relativas a la plurinacionalidad, la autonomía territorial y los escaños reservados por raza en todos los niveles, cuestión que al comienzo del proceso constituyente nunca fue concebida ni transparentada a la ciudadanía. Esta fue la postura sostenida por la escritora y filósofa Lucy Oporto, quien ha sido escéptica inclusive del “estallido social” vivido a partir de 18/10, advirtiendo que todo degeneró en una barbarie desatada y una miseria de orden no solo social, sino que espiritual. Por lo tanto, Oporto ha sido enfática en señalar que votará rechazo, principalmente, debido a este pecado de origen, lo cual no implicaría, para ella, reivindicar la actual Constitución realizada durante la Dictadura cívico militar. Todo lo contrario, cuestiona el simple hecho de que ambas, de acuerdo a su juicio, “se originaron en la barbarie”.

Por otra parte, se ha dicho que en el borrador de la Nueva Constitución no se explicita nada relativo a la concesión minera plena y la ha reemplazado, en cambio, por un régimen de concesión indeterminado, lo cual implicaría que cualquier intento por nacionalizar aquellos recursos mineros no estaría garantizado directamente. Todo se resume en que la Nueva Constitución consagra al Estado como garante de muchos derechos, sin estipular realmente cómo serán garantizados en la práctica. Para sostener este argumento, se ha citado una y otra vez el artículo 12 del capítulo cinco de la Constitución de 1833, el cual establecía que, de acuerdo a la igualdad ante la ley, no hay clase privilegiada. El chiste, claro está, se cuenta solo. Casi doscientos años de historia republicana con un artículo que garantiza la igualdad ante la ley, y la realidad, abiertamente, se resiste a cumplir con lo escrito en aquella Constitución decimonónica.

Existen otros actores asociados a un creciente nacionalismo de “tercera vía” que no se identifican ni con la derecha ni con la izquierda política. Uno de sus dardos al borrador apunta a que no garantizará ni por asomo la nacionalización de los recursos mineros, resultando en un marco jurídico tan neoliberal como el de 1980. De ese modo, estos actores cuestionan la mirada de la izquierda progresista, señalándola como cómplice del status quo al no “tocar el corazón del sistema” y limitándose solo a seguir una agenda global que no vino realmente desde las bases que dicen representar, sino que desde los lineamientos de las elites financieras. El problema, señalan, estriba en que esta Nueva Constitución no permitirá nacionalizar la gran minería, tal como lo planteó Allende en su tiempo. De acuerdo a esta visión, el próximo presidente de la República o, para ser más precisos, el Ejecutivo, podría tener como medida principal de su programa la nacionalización por decreto supremo, en virtud de la potestad reglamentaria autónoma del artículo 32 de la Constitución del 80. Lo señaló el economista y abogado Julián Alcayaga, citado por Pedro Kunstmann del Movimiento Social Patriota. Con la aplicación de aquella medida, tendríamos un auténtico cambio en la política económica del Estado nación, pero precisamente ha faltado la voluntad política para llevar a puerto ese cambio, cosa irrelevante para las altas esferas del poder.

Además del tema minero, una de las principales críticas de los actores nacionalistas tiene como punto clave el rol de la ONU en la escritura del borrador. Desde agosto de 2021, quedó establecido el compromiso de cooperación de las Naciones Unidas con el proceso constituyente, lo que significará aplicar a la Carta Magna cada uno de los puntos de la Agenda para el Desarrollo Sostenible. ¿Se consultó a la ciudadanía respecto a este compromiso de cooperación? Por supuesto que no, y eso es lo que discuten las nacionalistas. Ven con malos ojos, y con justa razón, que una entidad transnacional se entrometa en un proceso que se suponía soberano y popular. Lo que se vendió como una iniciativa política sin precedentes en la historia de Chile acabó siendo otro malabarismo institucional que vuelve a someter al país al poder global, solo que ahora con el eufemismo de la “solidaridad entre naciones” o, mejor dicho, “servilismo a las corporaciones”.

Los últimos actores de la nueva cruzada por el Rechazo toman elementos de los izquierdistas disidentes o de los nacionalistas de tercera vía, aunque no se definen por ninguna doctrina. Son los que atacan a la Nueva Constitución pero desde una perspectiva “fuera de la máquina”. Señalan que el origen mismo del proceso constituyente está viciado desde sus raíces y que Chile, en el fondo, nunca despertó, sencillamente, ingresó a otro nivel de sueño. Según ellos, Chile vuelve a ser parte de un experimento a escala mundial. De ser un país pionero en implementar el neoliberalismo, ahora será la vanguardia latinoamericana en implementar el modelo ONU de Desarrollo Sostenible, que no es otra cosa que la famosa Agenda 2030 de Naciones Unidas.

Por otro lado, afirman que la formación de la Convención Constitucional no fue, de ninguna manera, libre y soberana, como lo pretendía una verdadera Asamblea Constituyente. ¿Por qué? Porque esta Convención nació producto del refichaje ilegítimo de los partidos políticos, desplazando siempre a los verdaderos independientes. Eso se prueba en el hecho de que solo 155 convencionales, en su mayoría, de izquierda radical, escribieron una Constitución para todo Chile. También se prueba aludiendo a la trampa de la ley 21200, en cuyo artículo 135 se prohíbe a los convencionales declararse “soberanos”. Entonces, tenemos que, en base a esta visión, todo termina siendo operado por los dueños del sistema financiero internacional para reemplazar la actual Constitución escrita por “cuatro generales”, que, a su vez, también fue auspiciada por los mismos dueños del sistema financiero internacional. Esto fue lo que advirtió Jorge Zamora, uno de los promotores del Movimiento Democracia Directa. Al final, como dice el dicho que avala el quehacer de los dueños del mundo: “Cambia todo para que nada cambie”. Siempre se trató, a la larga, de instalar un nuevo orden en el caos. Acaso sea esta una posible aproximación del concepto de Nuevo Orden Mundial aplicado a la urgencia por redactar en Chile una Nueva Constitución y sobrescribir, como en un palimpsesto, nuestra historia y nuestra memoria dormida bajo el influjo del sueño global.


viernes, 27 de mayo de 2022

Y usted, amigo, amiga: ¿Se siente capaz de revisar sus más enraizados relatos y narrativas con tal de conservar íntegro su espíritu crítico y su autonomía de juicio?

Judith (y la noche del especial de Depeche Mode)

En memoria de Andy Fletcher.

Judith me mostró su maqueta. Por su reacción y la expresión en su rostro, se veía bastante ilusionada.

-¿Sabes que este libro lo vengo escribiendo desde chica? En estas páginas hay mucha historia.

Yo trataba de aguantar el trasnoche mientras la observaba embotado.

-Pero quiero que leas algo y dime qué onda.

-Ok -le dije, lacónico, tratando de seguirle la onda -te leeré.

Leí algunos poemas de su maqueta, a medida que bajaba a tientas la Heineken:

Todas las tragedias de mi vida se resumen en una noche, la más oscura

Ahora que mi rostro de niña me abandona

Siento que nadie me comprende, lloro y me consuelo

Porque sé que en el fondo nadie encuentra su suelo.

-Oye ¿y realmente sientes que nadie encuentra su suelo? -le pregunté, tratando de entender los versos suyos que me quedaron dando vuelta.

-Nadie, nadie encuentra su suelo. Cuando crees estar en un sitio, en un instante, estás en otro.

-Pero yo lo único que sé ahora… es que nuestro sitio es aquí, los dos juntos.

Al decir estas palabras, le acaricié la mejilla suavemente. Sonreí. Ella también. Nos volvimos a mirar fijo, prologando nuevamente nuestro silencio, en la bulla del local.

-Ya oh, vamos a bailar será mejor -dijo Judith, levantándose decidida.

Me tomó la mano y fuimos directo a la pista de baile del fondo.

-Hace rato que quería venir a bailar ¿sabí? -comentó Judith en el camino.-He tenido una semana de miedo, que ni te cuento. Además está sonando el especial de Depeche.

Llegamos a la pista del fondo. Colocamos las chelas a un costado para poder vacilar tranquilos.

-Ay ¡Me muero! -exclamó Judith, al escuchar el tema que el dj había colocado.

Judith, ebria, alegre, conectada simbióticamente con la música, alzó su vaso de cerveza y tarareó “Enjoy the silence”.

All i wanted, all i needed, is here in my arms

Words are very unnecessary, they can only do harm.

Tarareamos casi al mismo tiempo con Judith esos dos versos del estribillo del clásico “Enjoy the silence”. Con ese canto ebrio y esas contorsiones, me fui acercando lentamente hacia ella, moviéndome al son de sus vaivenes, tratando de no desentonar y mantener el ritmo. De pronto, Judith me rodeó con sus brazos, tanteando el ritmo del siguiente tema, procurando no perderla de vista. Se aproximó, atrapándome con esos ojos penetrantes. Cuando estaba dispuesta, le agarré la cara y le di un beso, un beso largo que ella resolvió al son del sonido electrónico. Luego, me apartó con las manos, sonrió y seguimos bailando pegados, bajando lo poco de chela que quedaba, para acabar el especial de la noche.

En un momento, mientras se reproducía el video en vivo de la banda, increíblemente, se proyectó la figura virtual de Dave Gahan y Andy Fletcher, sobre la tarima al fondo de la pista de baile. Era tanta la emoción, que los Depeche parecían estar tocando realmente dentro de la disco.

Al rato, Judith fue al baño. Estaba realmente lleno. La acompañé para no perderla de vista. La esperé por largos minutos. Sin embargo, no la vi más. Puede ser porque estaba desorientado. Pero no. Comenzó a dolerme la cabeza. Busqué a Judith por todo el local, mientras comenzaba a vaciarse. Ningún rastro. Había desaparecido. La llamé varias veces. Buzón de voz. Luego un audio de whatsapp. Era inútil. No contestaba.

Caminé tambaleante al baño. A medida que me abría paso entre el mar de gente, sonaba de fondo el tema Policy of Truth.

Salí de la disco, cansado. Di otra vuelta por la Plazuela. Nada. Ningún rastro de ella. No quise pensar lo peor, así que me detuve un rato en una esquina. Luego, fui a comprar un bajón donde el compañero Yuri. Un italiano. Lo devoré, aunque, en un lapso de segundo, cayó al suelo un trozo de vienesa. Un perro negro se acercó rápidamente para comérselo. Me quedó mirando unos segundos, cual guardián de la noche, y siguió su camino.

jueves, 26 de mayo de 2022

Odi et amo, versiones.

Hay tres traducciones elegidas para el clásico poema de Catulo, “Odi et amo”.

La primera versa: La odio y la amo. Que cómo lo hago, quizá me preguntes. No lo sé, pero así siento y es esa mi cruz.

La segunda versa: Odio y amo. Quizás te preguntes por qué hago esto. No sé, pero siento que es así y me torturo.

La tercera versa: Tú me preguntas por qué yo odio y amo, mas lo ignoro y me atormenta sentirme así.

Yo propongo mi propia traducción personal: La odio y la amo. Quizá me preguntes por qué. No lo sé, pero así lo siento, y esa es mi cruz.
“La única forma de preservar nuestra civilización es derrotando a Putin lo antes posible”, dijo el magnate George Soros. ¿Cómo es que el único capitalista defendido por los progres, enemigo de la denominada “ultraderecha” internacional, ahora se plante en contra de Putin, líder de la madre Rusia, ex Unión Soviética? No es muy difícil de comprender. Solo basta con situar a Soros en el sitial que siempre le correspondió: no el de la izquierda clásica, ni mucho menos el de la revolución marxista, como era entendida en su momento, sino que en el de la especulación financiera a gran escala, con tendencia liberal y progresista, bandera tomada, hoy por hoy, por las izquierdas posmodernas del mundo.
Zelenski ha arremetido contra Henry Kissinger por proponer que Ucrania ceda territorio a Rusia. “Parece como si tuviera 1938 en su calendario”, dijo el presidente y ex comediante. A él se le están subiendo, al parecer, los humos a la cabeza, contradiciendo a sus propios jefes. Ya vemos, como decía Roberto Bolaño en Los detectives salvajes, que todo lo que empieza como comedia termina como tragedia, o como película de terror, o marcha triunfal, o misterio o responso en el vacío, y Zelenski ha llevado su humor geopolítico a un nivel pocas veces visto en la historia contemporánea.

miércoles, 25 de mayo de 2022

Él la etiquetó en una historia en las redes sociales. Ninguno de los dos se conocía. Ella, extrañada por esta misteriosa historia, había decidido ignorarla, confiando en que se trataría de otro pretendiente desesperado y perdedor. Pero le comió la curiosidad. Entonces, tomó el riesgo y se animó a abrir la historia para poder ver lo que contenía. Horror. La imagen mostraba dos armas AR-15. Ella no supo qué pensar. ¿Por qué alguien anónimo le haría llegar esta imagen? Sin ánimo de hacer nada, creyendo que se trataba de una broma macabra, permaneció pálida, en shock, apenas tratando de elaborar en su mente lo que le había pasado. Por si no fuera suficiente, al rato, le llegó un mensaje. “¿Vas a repostear las fotos de armas que subí?”, preguntó el usuario anónimo. Impactada por este emplazamiento repentino, sintió miedo. Sin embargo, tomó fuerzas para replicarle. “¿Qué tienen que ver tus armas conmigo?”, contestó ella, resuelta, aburrida de esta locura. “Solo quería etiquetarte. Deberías estar agradecida”, sentenció, después, el usuario anónimo. Todo indicaba que este usuario quería involucrarla en un perverso juego apenas comprensible.

Pasó el fin de semana. No volvieron a hablar. Ella hizo su vida relativamente tranquila, tratando de olvidar aquel desagradable episodio cibernético. No quiso denunciar a nadie porque creía que se trataba únicamente de un troll enfermo al cual no había que alimentar. Al llegar el día lunes, sin embargo, el usuario anónimo la contactó nuevamente. “Estoy a punto de…”, escribió. “¿A punto de qué?”, le contestó ella. Pasó un rato inactivo, hasta que el usuario volvió a la carga. "Te diré antes" fue su última comunicación, ese día.

No respondió más, al menos hasta ese momento. Ella comenzaba a entender que ya no era el simple juego de un acosador. Todo apuntaba a que formaría parte de algo realmente jodido. Tenía que tomar acción, si su propósito era detener en el acto a ese usuario anónimo, e impedir que la cosa avanzara hasta límites irreversibles.

El martes a las siete de la mañana, se levantó temprano, esperando a que volviera a comunicarse con ella el usuario, con el fin de atraparlo. Antes de que siquiera se animara a prepararse para ir a trabajar, sonó aquel timbre de notificación de la mensajería instantánea. Leyó entonces el mensaje del misterioso usuario. “Te voy a escribir en una hora, pero tienes que responder. Es un secretito y te lo voy a contar. Ahora voy a salir a tomar aire”, escribió el usuario anónimo, implicándola directamente.  ¿Cuál sería ese secreto? se preguntó, para sus adentros. Él tenía un secreto que solo le estaba reservado a ella. Y ese secreto -pensó, de pronto- olía a pólvora.

Quedó totalmente paralizada, intentando procesar su próxima acción. ¿Llamar a la policía? ¿Contarles a sus padres? ¿A sus amigos? ¿Una funa por redes sociales? ¿Sobre la base de qué? Se volvió loca. Quiso creer que todo se trataba de una muy elaborada broma de humor negro. Se negó a la peor posibilidad, hasta que, pasadas dos horas, revisó sus redes sociales. La noticia del momento informaba sobre un chico de dieciocho años que había iniciado un tiroteo en un recinto escolar. Según la fuente que consultó, el gobernador de la ciudad confirmaba, en una conferencia de prensa, que se trataba de un joven alumno de una escuela secundaria. Había ingresado al establecimiento para acribillar a sangre fría a más de veintiún personas, entre ellas, diecinueve alumnos y dos profesores.

Al leer esta sangrienta noticia, ella comenzó a llorar desconsolada. Recordó, por un instante, lo último que le dijo el tirador: “Te voy a escribir en una hora, pero tienes que responder. Es un secretito y te lo voy a contar". Nunca hubo necesidad de contárselo, porque, desde ese momento, ella supo que los viscerales hechos pesaban más que las palabras y las promesas.

Relato de ficción inspirado y basado en la reciente Masacre escolar de Texas. Que en paz descansen las víctimas:  Masacre de Texas: los últimos chats del tirador antes de matar a 19 niños y dos adultos - LA NACION
“Miramos el mundo una única vez, en la infancia. El resto es memoria”, decía Louise Gluck. Tal vez se pueda decir, también, que miramos el mundo una única vez: al morir, y la vida misma es solo un gran racconto.
¿Y qué pasaría si te dijera, querida, que toda aparente disidencia al sistema no es más que otra cabeza de la gran Hidra que nos somete? ¿Otra maniobra cuidadosamente calculada para hacernos caer una y otra vez en las infaustas redes de la Bestia, enrevesadas e incomprensibles para el ojo de la ideología?

martes, 24 de mayo de 2022

Y mientras el Foro Económico mundial plantea en uno de sus objetivos globales “no tendrás nada y serás feliz”, el gobierno progresista de Canadá propuso una política de “eutanasia para los pobres”. Ciertamente, bienaventurados serán los pobres, porque de ellos será el reino de los cielos, aunque no el cielo de las elites, al cual solo pueden acceder los tocados por la “mano invisible”.

lunes, 23 de mayo de 2022

La píldora negra

“Aquellos que tienen una razón para vivir, pueden soportar todos los cómos” dijo Friedrich Nietzsche. Esta oración es cierta, hasta cierto punto, porque a veces nuestras razones, que son nuestros motivos o propósitos, solo existen porque les atribuimos significado. La salida de la caverna forja un cambio en todos estos significados, así que perdemos esos porqués, por lo que resulta más difícil soportar los cómos. A esta fase de pérdida de sentido es la que se le llama la fase de la píldora negra. La buena noticia, sin embargo, es que se trata de algo temporal, casi como un rito de iniciación, un mal trago para luego adquirir la experiencia completa del viaje.

Esta terminología de las píldoras, que puede sonar demasiado categórica, existe para dar una etiqueta a los nuevos cuestionamientos que van surgiéndole al individuo en nuestra época o, para ser precisos, al individuo masculino, enfrentado a la pérdida del sentido de su masculinidad y a la crisis valórica de Occidente. Esto vino desde abajo, en ciertas comunidades de la denominada Manósfera, y está saliendo a la superficie, y ellos están comenzando a consumir esa superficie, entonces necesitan aquel nombre para darle realidad.

Ahora ¿Por qué la nomenclatura para diferenciar la píldora negra de una píldora roja? Pues, porque, primero, la píldora roja trae un conocimiento de algo que estaba oculto, en directa analogía con la película Matrix. La píldora roja trae esa cosa de “la verdad duele”, esa cosa de “conocerán la verdad y los hará libres”, pero tiende a traer liberación, y la liberación se entiende como algo positivo. En cambio, si hablamos de la píldora negra, resulta ser todo lo contrario. No es una liberación positiva, solo trae confusión. Por eso, es muy diferente de la píldora roja. Mientras esta trae esperanzas, la otra simplemente las destruye. En eso consiste su amargo efecto, su revelación. Cada vez que escuchas el término “píldora negra”, estamos hablando de nihilismo puro y duro.

El origen de la palabra nihilismo podría traducirse rústicamente como “nadismo”. O sea, nada importa, nada vale, nada significa. Así, por ejemplo, ciertas corrientes nihilistas creen que el Universo vino de la nada y que a la nada volverá. De modo que si vinimos de la nada y a la nada vamos, cualquier evento, experiencia o resultado en tu vida dará exactamente igual. Si mañana tienes dinero o no, si tienes o no tienes trabajo, si consigues una buena relación y tienes éxito en la vida, todo eso, desde esta perspectiva, no hará diferencia alguna. Simplemente se trata de una apatía, una indiferencia profunda a la vida, que no una ataraxia estoica. En eso consiste, básicamente, la píldora negra.

Podría decirse, después de todo, que la píldora negra es negativa y no reporta ningún aporte, pero esto no es tan así. El hecho es que muchas personas se vuelven, en determinado momento, depresivas, melancólicas, tristes, sin perspectiva, cuando están en busca de un sentido y un conocimiento profundo. De ahí la frase “la ignorancia es una bendición”, porque cuando no sabes cómo funciona realmente el mundo ni cómo es el trasfondo auténtico de las relaciones humanas, estás adormecido y, al volverte sensible, tiendes a sufrir más, así que el conocimiento comienza a equivaler al dolor, te das cuenta de que no todo tiene un significado ni precisa de uno y no estás capacitado ni llamado a manejar este sinsentido de las cosas.

Cuando piensas en ello y no encuentras ningún propósito razonable, de hecho, es así, para muchos. Pierden el significado profundo o general, su propio significado, y no saben cómo lidiar con eso, por lo que caen en una incertidumbre total. Hoy en día, por ejemplo, muchos hombres ya no ven sentido, ya no ven propósito en la dinámica de las relaciones sentimentales. Se aprecia un desencanto generalizado en esta dimensión de la vida humana. Y lo digo muy de cerca, aunque, a la vez, pretendiendo un alcance mayor, un examen aproximado a la situación existencial de muchos hombres. Esta puede ser, quizá, una forma de comprender cómo es hoy el mundo. Ahora, cuando alguien se da cuenta de esto y verdaderamente no ve sentido, puede caer en la inopia, la inacción o la apatía, así que precisa de una decisión, de todos modos, a pesar de su estancamiento o su esterilidad. Todo esto equivale al nihilismo y, a su vez, a la concepción de la píldora negra: una ausencia total de esperanza.

Dicho esto ¿es definitivo el efecto de la píldora negra? Solo basta considerar que nada es definitivo per se, y que, en un simple ejercicio mental, todo puede adquirir el carácter de un ciclo, de una etapa dolorosa aunque necesaria para el aprendizaje y la evolución. Habrá, ciertamente, momentos en los que algunos aspectos de la vida serán extremadamente absurdos, irracionales y negativos. Después de un tiempo, estos aspectos pueden empeorar aún más o, posiblemente, puedan mejorar, y así con todo. Si uno es capaz de aplicar la despersonalización para abstraerse un poco del ego y visualizar el plano completo, la totalidad, puede llegar a comprender que el Universo mismo es dinámico, y que luego las cosas, los factores que envuelven la vida y la humanidad se reciclan siempre, ciclo tras ciclo.

Entonces, el pensamiento que lleva al entendimiento de la píldora negra va más o menos así: los hombres viven sus vidas y se percatan de que algo está mal, por lo que buscan un conocimiento escondido, y ese conocimiento es la píldora roja, la verdad incómoda, pero, a veces, esta verdad es tan inconveniente que resulta invalidante y ya no hay nada que se pueda hacer al respecto de otras personas y los problemas del mundo. Por ejemplo, uno de esos problemas consiste en los excesos del ego humano, bajo el cual todas las acciones del hombre están controladas por el deseo. ¿Qué se puede hacer al respecto? ¿Cambiar el ego de cada quién? No es posible. Solo basta sufrir menos por ello y dar un paso al costado, eso es todo. No hay mucho que hacer para cambiar nada, realmente no hay nada sustancial que hacer, solo no contaminarse demasiado para seguir viviendo y siendo lo que uno quiere llegar a ser.

Cuando reconocemos todo eso, cuando verdaderamente reconocemos que la mayoría de las cosas que nos suceden no tienen mayor explicación, caemos en el nihilismo, caemos en el abismo próximo a la salida de la Matrix. En este punto, la metáfora de la película se entronca con la de la caverna platónica y la muerte de Dios. Digamos que se deja la Matrix, se ingieren las pastillas rojas necesarias para salir y cuando salimos reconocemos una fosa gigantesca, eso es el nihilismo, y el nihilismo no es una fase constante en la vida, constituye algo así como un vórtice, un agujero negro del cual se tiene que salir para recuperar el centro de gravedad y la liviandad de ser. Por lo tanto, uno no elige la píldora negra, a veces las propias cosas se convierten en la píldora negra, y te vuelves negativo, paranoico, depresivo, nihilista. Es solo en el momento que tocas fondo, cuando dejas a un lado toda aquella pesada carga simbólica y energética. Así, se trata de arrimarse a un sentido, por fútil que parezca, y aferrarse a algo que no te lleve de regreso al despeñadero. Únicamente entendiendo esto se puede superar el nihilismo galopante para invocar, en su lugar, el milagro del instante, del aquí y ahora en toda su plenitud, sin el sedimento del pasado. Al enfocar toda tu energía en ese milagro y en ese ahora, puedes redimirte del ciclo matricial, de la rueda de ratas, de ese proceso que repetimos todos los días: hábitos, estudio, trabajo, metas y que ejercemos de manera irreflexiva, al perder la consciencia sobre el poder del tiempo en el instante, lo único real.

Llegados a este punto, cuando la píldora negra comienza a hacer efecto en ti, es decir, cuando el nihilismo entra por tu sistema nervioso y cuentas con los anticuerpos para combatirlo y superarlo, lograrás comprender la médula de tu existencia particular. Entenderás que a nada ni a nadie le importas, realmente, y eso constituye una liberación. Entenderás que, en el fondo, somos una parte ínfima de la cadena alimenticia y del ciclo cósmico, y que, para sobrevivir, precisamos del ego, de nuestro instinto, incluso, de nuestra violencia sublimada por siglos de civilización. Entenderás que tal vez nada cambie, nunca, y que, tal vez, eso no haga ninguna diferencia. Entenderás que, incluso, quizá, las posibilidades de júbilo y de crecimiento para algunos siempre sean limitadas, y no haya forma de revertir o de remediar aquello. Pero, a la larga, estarás tranquilo, porque nada de eso importará, aquí y ahora. Cuando comprendes que el conjunto de la humanidad no cambiará, entenderás que debes liberarte de la necesidad de liberarte. Solo se precisa vivir, ahora, hasta las últimas consecuencias, y dejar de buscar en otra parte que no sea ese aquí y ahora, recorriéndote entero. Esa, amigos, es la filosofía de la píldora negra. Trágala de una vez y báncatela toda, al fin.

Frente al "superhombre" nietzscheano y al "hombre nuevo" del socialismo, yo propongo reivindicar, en cambio, al Hombre, sin más.
¿Y si deconstruimos la idea de deconstrucción, querida? ¿Y tratamos, en cambio, de releer las tradiciones y reconstruir el porvenir?

domingo, 22 de mayo de 2022

Química corporal 4 (fragmento de guion)

Él: Yo no voy a juzgar la ley, soy su abogado, enmienda 14 de la Constitución.

Ella: ¿No decías tú que ningún poeta interpreta la naturaleza como un abogado interpreta la verdad?
"Lo más probable es que si en lugar de Depp hubiera habido otro hombre cuestionado por una mujer por violencia, las cosas habrían sido muy diferentes. Depp no ​​es cualquiera y ciertamente no es en él en quien pensamos para encontrar un ejemplo en el que reconocernos. No es ajeno al abuso de alcohol y drogas, se mueve en el pensamiento único y, pertenece al mundo políticamente correcto y decadente que es Hollywood made in USA. Pero este proceso también puede mostrar un cambio a nivel mediático en la reacción ante la violencia entre ambos sexos, excluyendo un alineamiento a priori en función del género de los implicados en el caso. Y la inconsistencia de Heard, en el mejor de los casos, ha creado una primera grieta en la narrativa feminista que otras voces disconformes, con el tiempo, pueden ayudar a derribar por completo."


"Era el año 2081 y, finalmente, todos eran iguales. No sólo eran iguales ante Dios y la ley. Eran iguales de todas las formas. Nadie era más inteligente que los demás. Nadie era más apuesto que los demás. Nadie era más rápido o más fuerte que los demás. Toda esta igualdad era resultado de las enmiendas 211, 213 y 213 de la Constitución y la incesante vigilancia del General Compensador de Desventajas de los Estados Unidos." Kurt Vonnegut en 2081, la distopía de Harrison Bergeron. El paralelismo con la Nueva Constitución chilena es inevitable.

sábado, 21 de mayo de 2022

Cine en su casa: "Body chemistry. Point of seduction 4" (1994) de Jim Wynorski

Cine en su casa. Hoy, la película Body chemistry. Point of seduction 4 (1994) de Jim Wynorski, un thriller erótico noventero en la línea de Atracción fatal.
Sinopsis: Un abogado (Larry Poindexter) cae bajo el hechizo de la psicóloga Claire Archer (Shannon Tweed) a la que tiene que defender por el asesinato de su ex amante, un productor de cine.
Sexo, intriga y crimen.


Tormenta perfecta (cuento)

Y caí contra el pavimento el mismo día en que escribí sobre la tormenta perfecta. Había dicho que las personas que, en su momento, creímos de confianza, mudaron de pronto sus intenciones o dejaron entrever sus auténticos móviles sin mediar aviso, impulsados por el avasallante devenir de los acontecimientos del mundo. Mientras pensé en esa confluencia trágica, mi cabeza retumbó, las sienes se hincharon, se manifestaron gritos y sollozos que no advertí, bajo una especie de ritual callejero en el cual el único sacrificado bautizaba la acera de la calle y transcribía luego su experiencia con el corazón roto y el trauma bien aceitado en la memoria.

Venía de andar unos pasos sin dirección, solo atinando al sentir de la masa nocturna. Nunca hubiera creído que los bocinazos del enrevesado tráfico ni la algarabía bohemia se volverían la orquesta de la desilusión y la disolución. A veces, solo hace falta desandar los pasos que uno creyó dar en determinado momento y luego unir una a una las huellas que te llevaron por tal o cual camino, con tal de hallar algún rastro recóndito, algo que te avizore el panorama, o que te advierta sobre lo que podría llegar a suceder, o sobre el próximo agente de la esquina, porque es muy probable que, después de una serie de resignificaciones, los hechos puedan llegar a encadenarse secretamente, tal como los pájaros se cuelgan al tendido eléctrico desconociendo el rumor de la muerte que conspira a cada instante antes de salir al vuelo.

Algo en el ambiente, una luz roja cruzada, una mirada venenosa, una moneda caída al alcantarillado, podría ser el indicio secreto en clave que te anticipe un desastre inminente, si se lee detenidamente en su dimensión global; entonces, la conspiración adquiere cuerpo, a medida que se aprecia el trasfondo oscuro de las cosas tras cada desconocida o cada malentendido. Resulta enervante esa idea. No se puede olvidar de buenas a primeras, sobre todo si la exposición es brutal y caminas tranquilamente a cierta hora de la noche, en la avenida de un puerto cada vez más roído, devenido el abandono de los sueños, las tradiciones y los pesares que, para efectos de la historia, vendrían a ser lo mismo.

Aquel día había conversado largamente con una joven misteriosa de la Cuarta Región. Nunca estuvo enterada de aquel violento incidente. Simplemente discutimos la posibilidad del encuentro. Mientras tanto, el horizonte de la calle se iba dilatando. Iba adquiriendo la forma sangrienta de un golpe. Y no, nunca se trató de un asalto, pero esa era la verdad que convenía, porque hablarle de la verdad de aquella noche iba a sonar demasiado estridente para sus oídos enamorados. Había que procurar la ilusión, resguardar el sueño, protegerlo de la suciedad, de la abrupta intemperie que nos cobijaba, de repente, en cierto punto neurálgico y nos enfrentaba el uno contra el otro. Convencido de este velo, lo tendí una y otra vez, con tal de despejar el suficiente polvo y eliminar el posible desperdicio. No podía enterarse. No podía saber siquiera, de modo que me aboqué al diletante merodeo para un sanador extravío.

Caminé horas por aquellas añoradas y decadentes calles del puerto, en un ejercicio del todo masoquista. Los recuerdos sobre esas madrugadas orgiásticas volvían cual navaja a la piel. Era doloroso y, a la vez, constituía una delicia culpable. Uno se regodeaba en el pasado hipotético, en la idealización del romance trasnochado, únicamente para no resentir la conciencia, pero, tras cada paso, el peso del cuerpo lo hacía todo difícil, pasaba la cuenta andar tras esa bruma tan opaca y esa bulla tan grave. Lo que hubiera parecido, en su época, el encantador frenesí de la vida nocturna, no resultaba, bajo ese panorama pandémico, otra cosa que la antesala del acabóse. Se dejaba intuir, así, tras las miradas perdidas de los transeúntes apurados, la poca convocatoria a los sitios de antaño, la baja vibración festiva, la soledad cada vez más concurrida de las calles aledañas. No cabía la posibilidad, ahí, de aventurarse, temiendo que el impulso tanático se impusiera al espíritu dionisiaco, inspirado por la jovialidad del plan. Volvía sobre mis pasos y, en ese volver, también algo me llevaba a ir. Algo me empujaba hacia adelante: un recuerdo atroz, una duda, una deuda.

Trataba de contener esa creciente marea de malas intuiciones, acaso no fueran otra cosa que sugestiones inducidas por la decadencia de la vida del puerto, en constante sinergia con el bicho de la sopa china. A medida que las contenía, se iba acrecentando la sensación funesta experimentada en la calle anterior. Avisaba una latente persecución. Temía remotamente que en la próxima esquina regresara de golpe a un plano distinto, solo por el miedo a no enfrentar lo advenedizo del espacio que se iba abriendo ante mis huellas. Pero ¿a quién debía temer? Pese a mi soledad, tenía pendiente el encuentro con aquella joven virtual. Su imagen en la memoria hacía que cada brisa nocturna, pese a congelarme, acariciara el corazón, lo cubriera de pronto de ambrosía, pese a estar deshecho, por ya no quiero recordar qué.

Seguí porfiadamente el camino por el que estaba transitando. Allí se hacía más señero el cruce hacia la próxima calle. Los ambulantes que solían ponerse a vender sus chucherías se habían ido, y solo cubrían el desolado lugar los cachureos donde solían colocarse los estantes de libros. La lectura parecía que hubiera regresado en el tiempo y adquiría en el ambiente un carácter metafísico, colindante con la bruma cada vez más espesa y fría. Caminé hasta dar con la sombra de un perro, al cual seguí como si se tratase de un guía improvisado, de un cancerbero del exilio, solo por el ánimo de perseverar en el merodeo a lo largo de estas calles tan íntimas pero, a la vez, dolorosamente hostiles. No había nada a mí alrededor que avisara una persecución, todavía. Los transeúntes, cada vez menos, seguían su rumbo. Conforme el perro tomaba desvíos erráticos, crecía el abandono del espacio y avisaba el sentimiento de persecución tal cual una marea negra a punto de chocar contra mis orillas.

Al perder de vista al perro, este me llevó a una plaza frente a un edificio que era el de la municipalidad. No creí reconocerlo, porque en donde estaba aquella plaza había antes uno de arquitectura alemana, soberbio y elegante, ensombrecido por la brutal hinchazón del tiempo roto. Cavilé sobre la desaparición de las cosas imaginadas y vividas, a medida que el camino de la ciudad se hacía cada vez más denso. Sin embargo, había algo en aquella densidad que me mantenía en un estado de tranquilo estupor. ¿Era tanta la perplejidad que estaba perdiendo la capacidad de conmoverme? No importaba. Solo seguí avanzando, en busca del cruce que me llevaría hacia mi destino. Quería volver desde donde había venido, pero el propio paso del tiempo parecía conspirar para empujarte hacia adelante, aunque no supiera exactamente con qué me encontraría.

El tiempo seguía hinchándose, a medida que mis pasos cobraban espacio. La ciudad que había estado visitando, aquella ciudad de una época enterrada, repleta de locura jovial, difuminaba poco a poco sus contornos, aunque permanecía ahí, abriéndome camino para poder continuar el merodeo. Seguí entonces, porfiado, por esa ruta incierta y divisé la próxima esquina. Mi corazón comenzó a agitarse. ¿Era señal de que estaba llegando a mi destino, al final del merodeo? No pude saberlo en ese preciso instante, solo continué y crucé la calle. Misteriosamente, me encontraba de vuelta en aquel sector repleto de ausencia, donde solían colocarse los libreros.

Tras cruzar aquel recóndito sitio de lectura a la intemperie, me invadió una horrible corazonada. La sensación de que alguien me encontraría. Alguien devenido del tiempo, perdido en los anaqueles de mi memoria. Algo en el ambiente comenzaba a avisarlo. Recordé, de inmediato, la luz roja cruzada en la calle anterior, al no existir vehículo que cruzara a esas altas horas de la noche, la moneda que a un transeúnte seguramente se le había caído encima de la acera repleta de rastros humanos, y esa mirada venenosa, esa mirada que una mujer al paso me atisbó, en una fracción de segundos, cuando pasé por su lado. Desde el instante de ese cruce, comprendí que la conspiración era real y adquiría cuerpo no solo en mi corazón, sino que también en la completa narrativa del tiempo.

Aun con aquella mirada penetrando dentro de mí preferí seguir andando, forzando al olvido a enterrar los recuerdos de aquella mujer que, como esfinge, no paraba de aparecer. Llegué hasta una tienda cercana al paradero donde pasaba la locomoción colectiva, para comprar algo caliente y espantar el frío satánico que empezaba a surgir, pero, en ese mismo momento, me di vuelta y la vi a ella, acercarse. Vino a mi mente una batería de recuerdos fugaces, agridulces, corriendo y entrelazándose unos con otros, recuerdos que cubrían el mismo espacio, los mismos rincones, las mismas orillas de aquella ciudad que, alguna vez, fue testigo de nuestra extinta complicidad. Y caí de golpe contra el pavimento. Mi rostro se estrelló, sin palabras, porque la acera, la calle, la ciudad se había vuelto la zona muda del sacrificio. Había escrito sobre la tormenta perfecta y finalmente se produjo. Había dicho que las intenciones y móviles serían revelados, impulsados por el avasallante devenir de los acontecimientos del mundo, y ahí me tenían, mudo, paralizado, en el ojo de un huracán emocional. Mi cabeza retumbó como nunca. Apenas escuché los gritos y los sollozos, sin antes advertir el fuego del ritual muy bien inflamado en la memoria. Mirada. Azote. Ruido. Siempre lo supe: aquel golpe, aquel golpe en aquel tiempo y en dicha calle estaba destinado. Su violencia era el destino mismo, manifiesto.

Arturo Prat y el Código del Bushido, en tiempos de globalismo

"La forma en que se retrata a Prat, nos plasma las siete virtudes del Bushido en un hombre real y contemporáneo. De esta manera, no me cabe duda de que para los marinos japoneses, el acto de combate en condiciones de adversidad y el no arriar la bandera ante el enemigo, llegando incluso a un acto valor evidente como el abordaje, hacen que el Capitán Prat sea la imagen de un samurái icónico, moderno y occidental que debe ser homenajeado. Más aun, cuando los valores que nos muestra son los mismo que necesitamos en estos momentos difíciles para el mundo."


viernes, 20 de mayo de 2022

Y usted, hágase la siguiente pregunta, antes de seguir en su búsqueda: ¿Está dispuesto a ir hasta el fondo de la fosa, romper las carcasas de su vieja identidad y desconocer todo lo que alguna vez amó con tal de dar con la verdad; o, como Edipo, no lo soportará y se sacará los ojos, horrorizado ante la desnudez de su Yocasta?

Esquizofrenia. Laura Sam

Acostumbrarse a la pequeña muerte del paso de cebra

pararse en verde habituado al rojo

la realidad no se reduce a líneas blancas sobre asfalto

sino al ojo

que sabe distinguirlas de lo oscuro.

Cruzo hago fila de farmacia

consumo cápsulas que demuestran su eficacia

lo dice la publicidad

SACIE SU ANSIEDAD SOCIAL

comprar ánimo es legal

si usted tiene el alma sucia ¿verdad?

Nada que no arreglen diez miligramos de diazepan

el psiquiatra prepara mis dosis extiende recetas

la dieta de pastilla con pastilla domestica mi neurosis

reduce mis crisis nerviosas aumenta mis náuseas

me dicen ya eres normal

y con un mililitro de Risperdal aplaco la psicosis

pierdo materia gris

pero aún sé

distinguir el arcoiris.

Diagnosticado a los veinte

muerto a los dieciséis

esquizofrénico paranoide

así es como vosotros me llamaréis

un nombre para todos los trastornos emocionales

y multinacionales avalando investigaciones

que crean medicación para tales enfermedades

y después

usted tiene una discapacidad del sesenta y cinco por ciento

eso

eso es sinónimo de límites que acotan cárceles

rejas que visten de traje oficial

el destino de este pobre animal

conejillo de indias de los putos psiquiatras

sus máscaras

industria farmacéutica

toda esa mierda

convirtiéndome en carne de psiquiátrico.

 

Pero hay algo que no puede doler

hay algo más allá de este cielo ámbar que no debe doler

y es la vida temblar de verme amar la vida hasta el desangre

palpitar sincronizada con el tiempo de mi cuenta atrás

sin saber si a alguien le importará

qué hueco dejo cuando me arrastre

su silueta de luz perdida en ruinas de bancal de nadie

hay algo

que hace mías sus cadenas

pero no puedo

hacer eslabón del reloj

ni sucumbir a la condena del tiempo

que ser aire que levanta fuego y amontona marea

es lo que quiero

y tú

entiérrame en tu vuelo si has de hacerlo

pero no hagas míos los insomnios

para soñarte en vilo y esperarte con el filo del ojo abierto

que yo quiero ser viento.

Hay algo que no debe doler.

Y es la vida acojonándose

de verme correr hacia su entraña

arrastrando en la memoria

el perfil de todas las montañas que corono

arrastrando su mentira de asegurarme el mañana para robarme el hoy

ser un animal domesticable vivir encogiéndome

hasta dejar de ser quien soy

hay algo

más allá de lo bello

y no se puede etiquetar con un sello

no se llama esquizofrenia

la enfermedad se llama miedo

los locos son los cuerdos

y quiénes los cuerdos

quiénes

si no ellos.

Bajo el yugo de la mentira: quienes se atreven a desenmascarar sus artes son censurados. Juan Manuel de Prada

Nos advertía Pemán en una de sus deliciosas terceritas que «el mundo se ha vuelto tan falso, tan artificioso y falto de lógica que todo él viene a ser como una decoración de teatro que, por delante, representa un panorama decidido mentalmente y, por detrás, es un andamiaje de maderas». Pero a Pemán le tocó vivir en una época en la que la mentira era todavía un trampantojo reconocible que quedaba desvelado con tan sólo rodearlo y asomarse al andamiaje que lo sostenía. En esta época tenebrosa y desquiciada, la mentira es un ‘metaverso’ que a todos nos abraza. Hay épocas entregadas al culto monomaníaco del dinero, de la carne, del odio contra Dios o contra el hombre; pero la nuestra ha instaurado el culto totalitario de la mentira, que comprende todos esos cultos protervos y ampara bajo su yugo todos los crímenes. Y así, bajo el yugo de la mentira, se subvierte el orden de las cosas, quedando el mundo convertido en un penoso manicomio.

La mentira se ha constituido diabólicamente en régimen de vida, en fuerza cósmica o poder universal. Se miente por oficio, por sistema, con un satisfecho orgullo que sólo admite una explicación preternatural. Siempre los medios de comunicación habían sido partidistas, sectarios y arrimadizos de tal o cual bando. Pero nunca como en nuestra época se habían convertido en recipientes de las propagandas más burdas, de los infundios más clamorosos, de las incitaciones mendaces más abusivas y grotescas. Nunca como en nuestra época se habían dedicado con tan entusiástico frenesí a sembrar la confusión babélica en el mundo. Y nunca como en nuestra época quienes cultivan la mentira con tesón científico habían obtenido tanto rédito.

Las intoxicaciones más burdas, los montajes más maniqueos, los bulos más rocambolescos, fabricados y puestos en circulación por los gabinetes de guerra psicológica son divulgados con unánime fervor y aplaudidos con entusiasmo por las masas cretinizadas, que así exorcizan sus miedos, que así olvidan que las están saqueando materialmente y corrompiendo espiritualmente. Y, para imponer su yugo, la mentira se sirve lo mismo del embuste despepitado que de la sensiblería buenista, según le convenga. Ya no se trata de divulgar mentiras como recurso defensivo o como subterfugio; ahora la mentira se pavonea presumida, teoriza, sienta cátedra, sabedora de que ha logrado imponer ese ofuscamiento de las conciencias al que se refería Isaías: «¡Ay de quienes llaman bien al mal y mal al bien, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!».

Es la mentira hegemónica instaurada por doquier, maciza e inexpugnable, convertida en salvoconducto para cruzar las aduanas de la aceptación social. Y quienes se atreven a desenmascarar sus artes o no se resignan a ser víctimas de sus industrias son de inmediato censurados y señalados como réprobos. ¡Ay de la época que se abraza a la mentira y silencia a sus profetas! Acabará encadenada sin remisión a las tinieblas.
¿Y qué pasaría si te dijera, querida, que hace falta más que una mirada aguda para ver a través de nuestros más enraizados relatos? ¿Que todo aquello que una vez observamos con la más nítida promesa de futuro, ahora nos acorrala y nos vigila sin siquiera advertirlo, velando por mantenernos a la vista, más acá del velo?
En clase de Tercero diferenciado, hay un cabro que se sienta en la primera fila frente al puesto del profesor, siempre completamente solo. Cada vez que voy a revisar lo que hace, únicamente escribe algo en el cuaderno que no tiene nada que ver con la materia. A veces, llena una página entera escribiendo cosas. Le pregunté al cabro qué era lo que escribía y por qué lo hacía. Dijo que eran simplemente pensamientos. Lo hacía, según él, porque le nacía hacerlo. Iba a decirle que mejor avanzara en la materia, pero, como escritor, lo dejé ser. No quise preguntarle si podía leer algo suyo. Sabía que le daría vergüenza. Había que dejar ser al cabro qué únicamente esgrimía su pluma contra la página en blanco como en un ejercicio de suma concentración o meditación. A veces, era tanta que parecía un poseso y un obseso, totalmente abstraído de la realidad curso, tanto que ni siquiera sus compañeros le dirigían la palabra. Solo seguía escribiendo, línea tras línea, con total impunidad y con la venía del profesor, cómplice de su escritura introvertida. Nadie podía llegar a saber la verdadera razón por la cual dejaba ser a este cabro, al escribir en total silencio aquellas misteriosas palabras aún no legibles. Reinaba en el curso, sin embargo, la incógnita respecto a esta situación. Todos sabían de la existencia de su compañero, pero nadie advirtió que él podía escribir encerrado en sí mismo, desatendiendo el aula, porque su profesor fue también, cuando alumno, ese cabro, ese ser retraído, dándole la espalda al mundo y empujándolo a continuar con la faena incansable, hasta que de aquellas páginas escritas en clases pudiera alzarse algo que venciera la infamia o bien algo destino a brillar por un segundo para luego acabar condenado al olvido.

miércoles, 18 de mayo de 2022

Antes de ser incluido en un colectivo, pregúntate antes si comparten tus valores y si el día de mañana, a la primera desconocida, no traicionarán tu confianza ni vendrán por tu cabeza. De lo contrario, amigo, amiga, da la media vuelta, deja cerrado y sigue tu camino.
Durante la clase de Lenguaje, realizamos una actividad relacionada con el tema de la Libertad. Consistía en un ejercicio de escritura: imaginar que estaban en la cárcel y le escribían una carta al juez para que los sacara de ahí. Tenían que pensar en el delito por el cual fueron condenados y si se consideraban culpables o inocentes. Uno de los cabros, ante la propuesta, se levantó y afirmó que él ya había estado en la cárcel. Era el mismo que decía vender pasta y me ofreció Tusi. "¿Y qué hiciste?" le preguntó un compañero. "Nada pos, pagarle a la guardias", respondió el cabro, exactamente la misma respuesta que me dio aquella vez. Al mencionar esas palabras, parecía gustarle la idea de haber pasado una temporada en la cárcel, seguramente, impulsado por el goce adrenalínico que evoca la delincuencia y por el estilo de vida proyectado por sus artistas favoritos. Había, sin embargo, algo digno de ser recreado y transformado en esa perniciosa idea. La sola imaginación de aquel mundo prohibido pero ilusamente deseado impulsaba en el cabro la imperiosa necesidad de escribirlo. "Profe ¿es necesario escribirle una carta al juez, o puedo escribir otra cosa a mi pinta?", preguntó esta vez, invadido por un deseo de expresión a toda prueba. Le expliqué que podía ser, mientras no se tratara de drogas. El cabro asintió, irónico, sabiendo que ese era su leitmotiv, y que todo este tiempo su obsesión consistía en darse una vuelta por el infierno terrenal e imaginar que tiene una vida peligrosa y libertina, siempre al borde de la muerte, y no necesariamente la realidad acomodaticia de la escuela y del aula, en la cual pudo, al menos, sublimar su ensoñación delictiva mediante el ejercicio de la escritura de ficción, tal vez, único reducto de auténtica libertad que al cabro le restaba, encerrado tras los barrotes del abstracto curriculum con los educadores como sus verdugos.
En el borrador de la Nueva Constitución, la palabra Estado se repite alrededor de cuatrocientas veces a lo largo de cuatrocientos noventa y nueve artículos.

martes, 17 de mayo de 2022

Otra locura narrativa, un cuento sobre un sueño, que irá a "Onirómano":

Se habían perdido en el Máscara con un amigo. Fue cuando vio a una chica al fondo de la pista, con la cual intercambiaron un par de palabras y bailaron un par de temas, para luego ir a beber algo. La chica decía ser abogada. Siguieron conversando durante el especial de Morrisey. Al rato, sin embargo, la perdió de vista, entre la masa de gente. Le había alcanzado a pagar su parte de la cerveza. De repente, llamada perdida del amigo. Ya iba de regreso a casa. Así que salió del local, caminó aún con la euforia de la noche y la pista sonando en un loop eterno. En eso, recordó algo relativo a un robo en un establecimiento. El robo se le adjudicaba a alguien, pero, azarosamente, la culpa psicológica recaía sobre él. Al caminar, avisaba una latente persecución. Nadie le perseguía, pero corría solo. Lo que le perseguía, en verdad, era una sombra, o tal vez, la tiniebla de una conciencia culposa.
A medida que andaba, el camino iba tomando la forma de un callejón escasamente pavimentado, casi de arena, como el de ciertos cerros de Valparaíso. En particular, tenía la forma de una explanada de Playa Ancha. Mientras avanzaba, el aire se iba haciendo más asfixiante y el ambiente se iba tornando más denso, adquiriendo el cielo un tono rojo. La sensación en la trayectoria era la de estar cruzando túneles de tiempo. Un pasaje tomaba la forma de una bajada de la infancia, entre Francia cerca del Trafón, y la salida de ese mismo callejón adquiría, en cambio, la forma de la subida Carampangue.
Avanzando un poco más hacia el mar, inconscientemente, aún sin tener la noción de la costa, el terreno colindante fue tomando luego el relieve del Batán, aquel pasaje eriazo del barrio de sus abuelos, hoy por hoy, vuelto uno de los tantos antros improvisados a merced del espíritu de la calle. No iba hacia ningún lado en particular, pero solo precisaba correr, arrancar. La geografía de los espacios que se iban abriendo no guardaba ninguna relación con sus dimensiones reales, pero tenían, para efectos del viaje, un sentido subjetivo, uno del todo emocional, al punto que la culpa por aquel robo ficticio iba distorsionando todo a su paso, cada vereda, cada esquina, cada recuerdo de cada esquina transitada.
Solo una vez que volvía hacia lo que parecía una pequeña plazoleta perdida en una calle central, totalmente deshabitada, el espacio dejaba de adquirir esa mutación amenazante. Era algo parecido a Aníbal pinto, pero solo con unos cuantos sujetos anónimos pululando alrededor de una niebla espesa. El local en donde debía estar el Máscara permanecía cerrado. Tenía la forma de una antigua botica. Solo alcanzaba a salir por ahí una anciana con un bolso. Algo lo llamó a acercarse a ella. Entonces, la detuvo, sin más. Al voltear el rostro, la anciana lo miró fijamente, al punto que se vio inmerso en aquella mirada surcando una profundidad de dimensiones cósmicas. Tanto se hundió en ella que volvió a su memoria, y abrió una billetera roída guardada en el bolsillo del pantalón, con la cual le pagó a la anciana, por fin, la parte de aquella cerveza legendaria que le debía, luego de haber salido de aquella pista de baile todavía sonando en un loop infinito sin espacio ni tiempo.

lunes, 16 de mayo de 2022

Estado posteado el 15 de noviembre del 2019, el día del Acuerdo por la Paz y Nueva Constitución. Hágase un paralelo con la publicación del primer borrador de la Nueva Carta Magna:

15/11/19

Anoche, durante la jornada histórica, la oposición propuso una "hoja en blanco", es decir, partir desde lo que acuerde el cuerpo constituyente sin tomar como referencia inmediata la actual carta fundamental. Al día siguiente, la llamada Plaza de la dignidad apareció cubierta de sábanas blancas y con un lienzo con la palabra "Paz" desde la estatua del general Baquedano. El blanco, según Enrique Lihn, era el "no color". Desde la cultura oriental, el vacío, la nada, el color de luto. Entonces ¿Cuál es el mensaje? ¿Qué tiene que ver el blanco aquí? Pues que para algunos significa tabula rasa, vuelta de página. Para otros, muerte, pacificación o, derechamente, silenciamiento. Regresar a la nada.

Cómo me duele esa época.
Poema de una alumna, escrito hoy:

Alba y ocaso

Todos le tienen miedo a la supuesta luz al final del túnel. Si tan solo supieran lo que se ve a plena luz del día.
En el borrador de la Nueva Constitución, la palabra hombre se repite una sola vez.

domingo, 15 de mayo de 2022

“En términos posmodernos, con la caída de los “grandes relatos”, las grandes batallas ideológicas, la historia explota y solo queda recoger sus vestigios. Estos son apropiables a discreción; cada uno toma su pedazo, arma su propio story telling, en palabras de Giglioli: “Abandonada a sí misma, la historia es propietaria y totalitaria de nacimiento”. Nadie con buen corazón pretende deconstruir la historia de la víctima, solo nos queda: “Escuchar compungidos o vérnoslas con el sentido de culpa y la reprobación universal”. La víctima sabe esto. En tiempos de la grandilocuencia moral, de la competencia desesperada por la bondad (otra forma de identidad más), el famoso “buenismo”, el que compadece, el narcisista dueño de la piedad, exulta de gloria y satisfacción; la calidad de sus buenos sentimientos son tan irrefutables como el padecimiento de la víctima. Negocio redondo”. La víctima, Gonzalo Contreras (fragmento)
La gran derrota del Transhumanismo tecnocrático a futuro será, a mi juicio, la literatura. ¿Podrá acaso este ejército de transhumanos y posthumanos mejorados mediante la tecnología emular o superar a un Homero, a un Dante, a un Cervantes, a un Shakespeare o a un Goethe?

viernes, 13 de mayo de 2022

Ópera prima (cuento)

Era el día del lanzamiento de su primer libro. Se trataba de la culminación de casi una década de trabajo. Con esto daba por cerrada una primera etapa de incursión en la prosa, marcada por años de indecisiones vitales, aunque también de importantes disyuntivas e intensos períodos de hedonismo e irresponsabilidad. El libro había sido requerido por amigos y por conocidos. Esa lectura sirvió en cierta forma como un catalizador, tras años de incertidumbre en torno a la necesidad de publicar. ¿Era el móvil interno de autorrealización el que le llevó a ese lanzamiento o, sencillamente, el deseo encubierto de aprobación en un medio tan pequeño como endogámico? Fuese de la forma que fuese, el libro era una realidad y ahí estaban los ejemplares, al fondo del salón, sirviendo de vitrina para el mundo. Una cámara no dejaba de filmar la lectura, mientras comenzaba a introducir el libro, para luego leer algunas de aquellas memorables crónicas. El sujeto de la cámara era el mismo que había hecho todas las gestiones para conseguirle el espacio y poder concretar el lanzamiento. A él le debía la posibilidad de este evento. A él le debía estar agradecido por ver cumplido un sueño o, a lo sumo, un pequeño paso a través de un umbral, un oasis para aplacar la sed en medio de un desierto de infamia y anonimato.

Todo era satisfacción y tranquilidad durante esos instantes de plenitud. Se sintió totalmente ovacionado, a sus anchas, pese a lo modesto del espacio y de la convocatoria. Se sintió perdiendo alguna suerte de virginidad literaria, a pesar de sus años de circo. El sujeto encargado de presentar su libro en aquella ocasión era un amigo, un cuentista ingeniero. Él, por solicitud expresa de su parte, fue quien le escribió el prólogo y se dignó a leerlo frente a todos los invitados. Antes de que comenzara su intervención durante la lectura, se asomó por el pasillo la figura de una misteriosa mujer, a través de la ventana, a un costado derecho del salón. La mujer llegaba tarde al lanzamiento. Al entrar al salón, él la observó rápidamente, mientras buscaba algún asiento. Parecía compenetrada con la lectura. En algunas ocasiones, reía. En otras, permanecía seria. Acabada la lectura, sin embargo, todos aplaudieron, menos ella.

Durante el break, los invitados fueron a servirse un café. Él disfrutaba su minuto de fama, vendiendo ejemplares y realizando firmas. La mujer, mientras tanto, conversaba con los suyos. Había que esperar la última parte del show, una intervención mezcla de música y teatro. Sobre el mesón en el cual leyó el libro, había una juguera repleta de un líquido color sangre. El espectáculo montado fue experimental, intercalando música ambiental y trasfondo dramático. Durante el lapso del show, la mujer parecía imbuida en la obra, aunque totalmente abstraída. Por supuesto, se sentó lejos del escritor, evitando cualquier contacto que pudiera sugerir algo más.

Al terminar el show, bajaron todos los invitados y se propusieron ir a beber, en una suerte de carrete improvisado. El escritor iba con algunos amigos. La mujer iba por la suya. El amigo cuentista ingeniero, por su parte, había tomado otro rumbo. Eligieron el primer local a la bajada del cerro. Allí se instalaron y bebieron para brindar por el mágico evento. La mujer se había sentado a un costado de la mesa grande, vacilando la racha a su manera, procurando estar conectada con el panorama festivo, aunque tampoco demasiado cerca de la estrella de la noche. No quería insinuar nada. El escritor disfrutaba su momento, pero también hacía su parte, sin dejar de perder de vista a la mujer misteriosa, que bebía y fumaba con desenfreno.

No pudo recordar si fue a otro local o fueron a bailar, después de beber. Lo único que el escritor supo fue que pidieron un uber para ir a la casa de la mujer y rematar el carrete allá. Ya era de madrugada. Se habían ido junto a una amiga en común, otra poeta del medio. Al llegar a casa, bebieron más cerveza y siguieron conversando. La mujer se mostraba muy desenvuelta, a la vez que conversaba largo y tendido con la amiga. El escritor también estaba entusiasmado, hablando con ambas, pero pronto, ya avanzada la noche, se cansó de beber y le entró el sueño. A pesar de estar viviendo su mejor momento, y de tener a su lado a dos hermosas mujeres, había preferido, por fin, irse a dormir como los reyes después de la ovación del pueblo. Ya era suficiente. Ya había tenido mucho, porque, para él, a pesar de la bohemia, a pesar de la locura, también había un límite.

La mujer, muy atraída, no quería que el escritor se fuera tan temprano a dormir. Los años de circo le estaban pasando la cuenta, pero a ella parecía no importarle. De todas formas, fue a dormir solo. Entonces, la mujer y su amiga poeta se quedaron un rato conversando y bebiendo lo último que quedaba de copete. Al rato, el escritor, medio embotado, sintió que la amiga partió a la otra pieza y la mujer entraba en la cual estaba él, a punto de quedarse dormido. Fue lo último que sintió antes de caer definitivamente preso del cansancio. Pestañeó un par de veces, y a su lado había un bulto envuelto con el cubre camas. Pensó inmediatamente que se trataba de la mujer misteriosa con la cual había tenido, todo este tiempo, un romance fugaz a escondidas del medio literario. Cuando estaba a punto de abrazarla, golpearon a la puerta del dormitorio. El escritor se levantó para ver quién era y, para su sorpresa, se trataba de aquel hombre, aquel sujeto que lo había ayudado con el espacio para el lanzamiento de su ópera prima. Al ver que el escritor estaba ahí en la pieza junto a la mujer, se quedó paralizado, pero, a los segundos, se dio vuelta y los dejó solos. No dijo una sola palabra, y el escritor estaba demasiado embotado como para siquiera reaccionar. No lograba entender nada de lo que estaba pasando. Así que fue con la mujer para intentar despertarla y contarle lo sucedido. Miró repentinamente hacia el espacio de la ventana de la habitación que no cubría la cortina. Era el sujeto de nuevo, asomándose, invadiendo la privacidad de los amantes.

Al salir de la habitación para increparlo, el sujeto había desaparecido. El escritor retrocedió de vuelta a la cama con la misteriosa mujer, pero ella ya no se encontraba en su lugar. Asustado, fue a la habitación contigua donde supuestamente se encontraba la amiga durmiendo. Tampoco había nadie. Entonces, al escritor le empezó a dar una jaqueca infernal y le invadió, de pronto, una tremenda angustia. Tan fuerte era el dolor que sintió la pérdida del control sobre sus propios pensamientos. Volvió a la habitación en donde se había acostado con su amante y, al mirar al espacio de la ventana, apareció el sujeto. Estaba ahí, filmándolo con una cámara, al medio de un salón. El escritor no dejó de mirar, desesperado, mientras lo seguía filmando, sin decir una palabra. Miró hacia todos lados y se encontró otra vez en la presentación de su libro. Una vez comenzada la presentación de su ópera prima, entró de nuevo al salón la misteriosa mujer, tarde, apurada, buscando un puesto privilegiado. Sin embargo, esta vez, acabó sentándose mucho más atrás, cerca del sujeto de la cámara. Este seguía filmando todo. Extrañamente, no había más invitados. Tampoco estaban los libros. Solo era el escritor, el sujeto de la cámara y la mujer, muy al fondo del salón. Lo observaban con una mirada cada vez más inquisitiva, y él estaba demasiado confundido como para continuar, una vez más, con la lectura del libro que le habían encargado escribir. Después de seguir leyendo a tientas aquellas interminables páginas llenas de visceralidad y confusión, se dio cuenta que no podría terminar hasta lanzar, por fin, para capricho de los editores, la novela sobre el romance más tóxico de la poesía porteña.

Caja de Pandora (poema)

Han abierto la compuerta que nunca debió abrirse, querida
Pero la esperanza no quedó dentro de la caja
Tal vez siempre estuvo en otra parte
O, como dijo Franz Kafka, la hubo, infinita
Pero jamás para nosotros.

jueves, 12 de mayo de 2022

"Profe, ¿Usted conoce la Tusi?", me preguntó el mismo chico que el otro día bromeó con haber estado en la cana. Le dije que no, que no conocía ninguna Tusi. Ya había leído sobre ella, pero preferí no decirle nada, así que el cabro dijo que me acercara a él. "¿Quiere un poco?", me volvió a preguntar, alzando el brazo derecho con el puño cerrado, en señal de estar ofreciendo algo que mantenía oculto. Caminé hasta ponerme junto al cabro. "A ver, muéstreme lo que tiene ahí", le dije, pidiéndole que abriera su puño. El cabro rio y abrió lentamente la palma de la mano, que no tenía nada. "Igual quería, profe", comentó, ante la mirada traviesa de los compañeros que le seguían la corriente.
Si el lenguaje es la casa del ser, yo habito entre el ruido y el silencio.