martes, 7 de abril de 2026

"En cualquier momento hago una calama", se dejaba leer en un grupo de confesiones del Colegio Mar Abierto de Viña. Hacía referencia al ataque perpetrado por un estudiante contra una inspectora y otros alumnos en una escuela de Calama. Por si fuera poco, en menos de una semana han ocurrido otras amenazas similares en colegios de diferentes lugares de Chile. Una en Villarica realizada por una alumna, la cual menciona un tiroteo con un fusil de guerra; otra ocurrida en un colegio de Linares, en donde habrían rayado un baño avisando sobre un tiroteo para el martes. En Antofagasta, tres escuelas suspendieron su jornada como medida de seguridad ante otras amenazas del mismo calibre. "Vamo a tirar la media molotov", rezaba una de aquellas. Por otro lado, en Copiapó, un estudiante fue tan lejos como para inventar una amenaza de tiroteo solo para perder clases. El auténtico cimarrero nivel terrorista. La onda expansiva de este fenómeno alcanzó hasta la Quinta Región. De hecho, se sabe que tanto en el Colegio Los Reyes de Quilpué como en el Colegio Nacional de Villa Alemana también encontraron rayados de amenaza en los baños. En Quillota, ocurrió exactamente lo mismo. Dos colegios tuvieron que activar sus protocolos como medida preventiva. Eso sí, en lugar de "tiroteo", los rayados decían "balacera". El mismísimo Liceo Eduardo de la Barra fue otro de los afectados, con un mensaje mucho más explícito en el grupo de confesiones. Un anónimo decía que el lunes unos infiltrados iban a a apuñalar a un chico de Media. Frente a esto, el sostenedor optó por no suspender las clases. No quiso ceder al amedrentamiento y prefirió reforzar la vigilancia con más presencia policial. ¿Qué nos dice esta verdadera plaga de amenazas, unas falsas, otras probables, sobre el estado mental del alumnado y sobre el propio estado de la educación, en un escenario que replica peligrosamente la lógica de las masacres escolares en Estados Unidos? Lo de Calama fue, en cierta manera, un detonante, el indicio sangriento de un cáncer mayor, un crimen que se volvió viral, al amparo de la inmediatez y la pulsión destructiva de ciertas almas perturbadas. Solo recordemos lo que tenía anotado el alumno asesino de Calama en su cuaderno, una verdadera "nota de muerte": odio, capitalismo, misantropía. Esos eran los motivos que lo habrían llevado a ejecutar su plan sanguinario, en el denominado "Día de la ira". Otra cosa importante: en el Colegio Nueva Era Siglo XXI, un rayado de amenaza indica que "mañana hay tiroteo, día de retribución". Eso último remite exactamente a la misma idea del joven norteamericano Elliot Rodger, quien años atrás cometió una masacre empujado por un profundo sentimiento de odio contra quienes lo hacían infeliz: los populares y las mujeres. Toda la carnicería que provocó la habría cometido en el famoso "Día de la Retribución". Hay ahí un patrón que no se puede soslayar, un abismo interior que va más allá de la crónica roja, y que resuena con el convulsionado estado de cosas.